La oveja y el rebaño

 


Caminaba para visitar a un cliente y en la puerta de la Universidad de la Matanza me encontré con un grupo de jóvenes que extraían de una pila de cajas de cartón elementos que les entregaban a los alumnos que ingresaban a la facultad en ese momento. Eran alrededor de 10 los que realizaban la tarea. Me dio curiosidad saber de qué se trataba y uno de ellos, notando mi espionaje, me proporcionó uno diciendo “Llévelo, es gratis”.

Era un ejemplar en miniatura del Nuevo Testamento. Un objeto de 12 centímetros de alto por 7.5 de ancho, perfectamente encuadernado, de color azul como se ve en la imagen.

Utilicé el ejemplar para hacer uno de mis chistes en la visita al cliente y cuando llegué a casa lo dejé sobre la mesa. Mi hermana llegó de visita unas horas después y se extrañó de encontrar ese libro en mi casa.

Mi hermana recordó un viejo ejercicio que invitaba a practicar una médica que teníamos en común. Te pedía que te detuvieras unos segundos con un libro en la mano, te concentraras y lo abrieras al azar en cualquier parte. Lo primero que leyeras era el mensaje que debías recibir ese día o en ese momento. Tomé esa consigna.

Abrí el libro y leí: “No crees en mí porque no eres una de las ovejas del rebaño del que te hablé”