Quedaron cuatro notas suspendidas,
tres líneas de fiebre y una carta sin
terminar,
las facturas de servicios ordenadas,
las fotos familiares y una taza de
café frío.
Un cenicero repleto de colillas y la
estilográfica cerrada,
una guitarra cubierta de polvo,
algunos apuntes con letra despareja
y un reloj despertador a cuerda
detenido.
La luz se filtraba por las cortinas
claras,
un olor a tabaco flotaba en el
ambiente,
una máscara de porcelana sonreía en
la pared
y un libro señalado en la mitad
esperaba sobre la mesa.
La luna redonda dentro de una
cerradura,
la lectura de algunos libros
esenciales,
las risas de veladas maravillosas,
canciones impregnadas en las paredes.
la sombra de una hilera de discos,
dos constelaciones por descubrir,
el eco del choque de unas copas en el
brindis,
la euforia contenida y el amor
derramado,
las noches de vigilia,
los besos sin pasión
y todo el universo en cuatro notas.
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