Los relojes

 

Breguet No. 160 Grand Complication, más conocido como Marie-Antoinette o la reina

Henry Graves Supercomplication de Patek Philipe

Nos encontramos con Julio como tantas otras veces en un café. Conversamos sin orden, como sucedieran los temas que ambos hilvanábamos naturalmente. Yo le comenté sobre la teoría de lo perjudicial que puede ser para una casa el efecto de los relojes detenidos en ella, que le había comentado eso a mi hermana y cuando comenzó con la tarea de hacerlos reparar hubo una sucesión de hechos inesperados. Recordé a Cortázar que decía que regalar un reloj no es obsequiar un simple objeto, sino entregar "un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire".

Julio me contó que había escrito por encargo de una editorial un libro sobre historias de relojes y dos de esas historias eran fascinantes.

El Breguet No. 160 Grand Complication, más conocido como Marie-Antoinette o la reina, es un reloj de bolsillo diseñado por el relojero suizo Abraham Louis Breguet, al que le correspondió el número de serie 160.[1] Mencionado como un poema en relojería, se cree que el reloj fue encargado en 1783 por el conde sueco Hans Axel de Fersen, amante de la reina de Francia María Antonieta de Austria.[] El trabajo en el reloj comenzó en 1783 y se completó en 1802.[2]

El reloj está integrado por 823 componentes,[1] y debía contener todas las complicaciones conocidas en la época en la que se concibió, incluidas las siguientes:

·       Reloj

·       Hora solar[]

·       Reserva de cuerda

·       Calendario perpetuo

·       Repetidor de minutos

·       Termómetro

·       Cronógrafo

·       Amortiguación –se llama Incabloc—, un sistema de protección contra golpes, invención propia de Breguet.

·       Repetidor de minutos

·       Cuerda automática[]

·       Segundero independiente

Incluso para los estándares de la época, era una pieza astronómicamente cara. Se utilizaron los materiales más valiosos (incluidos oro, platino, rubíes y zafiros) sin límite de tiempo o costo. El reloj está revestido de oro, con una esfera transparente que muestra el complicado movimiento de los engranajes en su interior. Breguet utilizó zafiros en el mecanismo para reducir la fricción.]

Los registros de la empresa Breguet indican que los costos de fabricación llegaron a la colosal suma de 30.000 francos. Esto es más de seis veces el costo de la otra gran obra de Breguet, el nº 92, que se vendió al duque de Preslin por 4.800 francos.

El reloj, con los años, cambió de dueños entre expertos en relojería y coleccionistas. Fue robado junto a otras piezas del Instituto L. A. Mayer de Arte Islámico el 17 de abril de 1983. De los 106 relojes sustraídos, solo se recuperaron 39 en 2007, incluido el de María Antonieta.[] Los relojes fueron devueltos al museo de Jerusalén. En 2013, el reloj se valoró en 30 millones de dólares.

James Ward Packard (1863-1928) fue un enorme inventor, fascinado por las tecnologías que aparecieron a fines del siglo XIX, ingresó en la producción industrial, primero con una empresa de lámparas eléctricas y luego con su compañía Packard Motor Car. Packard se había hecho fanático de la mecánica miniaturizada y recibió su primer Patek de bolsillo en 1905. De inmediato encargó dos piezas complicadas. La primera tenía un cronómetro capaz de medir medio segundo. En total, era 16 complicaciones, la pieza más compleja que Patek había creado en ese entonces. Pero la pieza que acicateó el espíritu competitivo de Graves fue el pedido de Packard de un reloj con una bóveda celeste con 500 estrellas, ya que deseaba poseer un grande complication que representara el cielo nocturno de su amada ciudad de Warren. A pocos meses de su deceso, en 1927, Packard recibió este reloj, que se lo conoce como el Reloj con Complicaciones Packard. Era un reloj con repetidor de minutos de tres gongs, calendario perpetuo con fases y edad de la Luna, indicación de oriente y poniente, ecuación del tiempo y mapa celeste.

El pedido de Packard fue alrededor de 1925 y Graves, al enterarse, buscó que Patek Philippe le hiciera “el reloj más complicado de la Tierra”. El reloj le fue entregado en 1933 y fue el Supercomplication más complejo del mundo, con 24 complicaciones controladas por 900 piezas en dos esferas. De la misma manera que Packard, Graves puso el cielo nocturno de su ciudad, Nueva York, para inmortalizarlo. Además, le añadió indicación de la salida y la puesta del Sol, y ecuación del tiempo en la esfera secundaria. En la principal tenía un calendario perpetuo con fases y edad de la Luna, indicador de reserva de marcha para el movimiento y para el repetidor, cronógrafo rattrapante, alarma con gong y repetición de minutos con carrillón Westminster con grande y petite sonnérie. Su costo fue cinco veces superior al de Packard.

En un momento de su vida, cuando Graves tuvo la desgracia de perder a dos de sus hijos varones, sintió deseos de arrojar al lago su Supercomplication, pero su hija consiguió disuadirlo. Más adelante, en 1969, ya fallecido Graves, su hijo aceptó la oferta de un coleccionista norteamericano y lo vendió por 200.000 dólares. En 1999, Sotheby’s fue elegido para vender el Supercomplication entre otras antiguas pertenencias de Graves. Fue comprado en 11 millones de dólares por el primo del emir de Qatar, Sheikh Ali Al-Thani. Más adelante, en 2012, para pagar deudas que había contraído Al-Thani, el reloj volvió a subastarse en Sotheby’s. El 11 de noviembre de 2014, el Henry Graves Jr. Supercomplication terminó vendido en 24 millones de dólares.

Miré mi reloj de pulsera y pedí la cuenta. El mozo nos dijo el valor en una denominación en Bitcoins que ni Julio ni yo conocíamos. Le dije que no entendía lo que me estaba diciendo y el mozo respondió extrañado por mi desubicación que la moneda que mencionaba era de curso legal a partir del año 2158.

Mientras ella duerme

 

Ilustración Darío Parissi

Ella dormía

mientras los hombres la soñaban

y despertaban habiendo olvidado lo soñado

con la densa bruma de la vigilia.

Cada uno la veía en una escena diferente,

a veces íntima como una confesión, otras en un mar de gente.

Quizás sonreía enigmáticamente,

tal vez desbordando su inquietante sensualidad.

Para todos ellos el sueño era único y secreto,

y como toda fantasía

nunca elegían las situaciones ni los lugares,

no se cumplían en ellas sus deseos

y quedaban a merced de parecidos interrogantes.

Ella dormía

desconociendo sus múltiples paraderos en la noche,

furtivos domicilios,

eventuales citas sin horario,

extraño deambular sin rumbo fijo.

Ella irrumpía como un súbito desmayo,

sin tiempo para buscar sostenerse,

para amortiguar el derrumbe contra el suelo

ni asimilar la sorpresa.

Ella dormía

desconociendo que la llamaban en otros sueños por su nombre,

que la seguían por calles de otros mundos,

sin tiempo para detenerse

ni sospechas para mirar atrás.

Ella dormía también

en la imaginación de sus soñadores,

que no se atrevían a despertarla

creyendo que su sueño les pertenecía,

que podían contemplar sin ser visto

la maravillosa sensación de ser soñado,

para acercarse a ella con sigilo,

sin un ruido ni un gesto que perturbe,

acercar a sus labios el oído

y recibir la bendición de oír sus nombres.

El Indio

 


Lejos de las necrológicas y de los infames que pueden festejar una muerte, elijo escuchar su música mientras escribo. Una de mis letras preferidas es Queso ruso.

El Indio es el cacique de una tribu de huérfanos. Rebelde como Lautaro, Arbolito, Cafulcurá, Sayhueque, Caballo Loco, Toro sentado, Gerónimo. A diferencia de ellos que cabalgaban lanza en mano, el Indio portaba un micrófono y un block de notas para sus letras cargadas de mensajes. Y su tribu recibía el recado y asimilaba el contenido en sus memorables misas ricoteras.

El Indio es mucho más que un fenómeno popular. Nos dan cuenta de ello sus fieles en una despedida eterna.

La resistencia es cosa seria.

Él eligió hace tiempo las banderas para su corazón. Y aquellos que reprochan su elección son los que no tienen corazón ni otra bandera que la del dinero y la genuflexión ante el poder.

La rebeldía es cosa seria en tiempos de pueblos narcotizados por una maquinaria digital que arría sus deseos quitándole toda actividad neuronal y conciencia.

Siempre me puse del lado de los rebeldes. Atrás de los mansos y los lameculos hay muchos más.

Muchos años atrás Jorge Cafrune cantaba “El orejano”, que es aquel animal que no tiene marca ni dueño. Cafrune fue atropellado y muerto mientras viajaba a caballo para rendirle un homenaje en Yapeyú a San Martín.

Me encantan los que se plantan y cuestionan, los que nos sacan de la fantasía de Disney para mostrarnos la basura y los gusanos que nos rodean.

Ya sabemos, tenemos experiencia sobre como opera la maquinaria del poder contra los que se plantan.

El Indio es también una bandera y una forma de plantarse en ésta humanidad rota.

De esa miel no comen las hormigas.