Mientras ella duerme

 

Ilustración Darío Parissi

Ella dormía

mientras los hombres la soñaban

y despertaban habiendo olvidado lo soñado

con la densa bruma de la vigilia.

Cada uno la veía en una escena diferente,

a veces íntima como una confesión, otras en un mar de gente.

Quizás sonreía enigmáticamente,

tal vez desbordando su inquietante sensualidad.

Para todos ellos el sueño era único y secreto,

y como toda fantasía

nunca elegían las situaciones ni los lugares,

no se cumplían en ellas sus deseos

y quedaban a merced de parecidos interrogantes.

Ella dormía

desconociendo sus múltiples paraderos en la noche,

furtivos domicilios,

eventuales citas sin horario,

extraño deambular sin rumbo fijo.

Ella irrumpía como un súbito desmayo,

sin tiempo para buscar sostenerse,

para amortiguar el derrumbe contra el suelo

ni asimilar la sorpresa.

Ella dormía

desconociendo que la llamaban en otros sueños por su nombre,

que la seguían por calles de otros mundos,

sin tiempo para detenerse

ni sospechas para mirar atrás.

Ella dormía también

en la imaginación de sus soñadores,

que no se atrevían a despertarla

creyendo que su sueño les pertenecía,

que podían contemplar sin ser visto

la maravillosa sensación de ser soñado,

para acercarse a ella con sigilo,

sin un ruido ni un gesto que perturbe,

acercar a sus labios el oído

y recibir la bendición de oír sus nombres.

El Indio

 


Lejos de las necrológicas y de los infames que pueden festejar una muerte, elijo escuchar su música mientras escribo. Una de mis letras preferidas es Queso ruso.

El Indio es el cacique de una tribu de huérfanos. Rebelde como Lautaro, Arbolito, Cafulcurá, Sayhueque, Caballo Loco, Toro sentado, Gerónimo. A diferencia de ellos que cabalgaban lanza en mano, el Indio portaba un micrófono y un block de notas para sus letras cargadas de mensajes. Y su tribu recibía el recado y asimilaba el contenido en sus memorables misas ricoteras.

El Indio es mucho más que un fenómeno popular. Nos dan cuenta de ello sus fieles en una despedida eterna.

La resistencia es cosa seria.

Él eligió hace tiempo las banderas para su corazón. Y aquellos que reprochan su elección son los que no tienen corazón ni otra bandera que la del dinero y la genuflexión ante el poder.

La rebeldía es cosa seria en tiempos de pueblos narcotizados por una maquinaria digital que arría sus deseos quitándole toda actividad neuronal y conciencia.

Siempre me puse del lado de los rebeldes. Atrás de los mansos y los lameculos hay muchos más.

Muchos años atrás Jorge Cafrune cantaba “El orejano”, que es aquel animal que no tiene marca ni dueño. Cafrune fue atropellado y muerto mientras viajaba a caballo para rendirle un homenaje en Yapeyú a San Martín.

Me encantan los que se plantan y cuestionan, los que nos sacan de la fantasía de Disney para mostrarnos la basura y los gusanos que nos rodean.

Ya sabemos, tenemos experiencia sobre como opera la maquinaria del poder contra los que se plantan.

El Indio es también una bandera y una forma de plantarse en ésta humanidad rota.

De esa miel no comen las hormigas.

Rebaño

 


El rebaño pastaba tranquilo en el prado,

ajeno al manto de las estrellas que lo cubría,

al seseo del viento que mecía la hierba,

indiferente a la estación y a los trópicos.

Y deglutía con lentitud pese al hambre saciado,

el rebaño ignoraba la utilidad de su lana y de su carne,

desconocía los deseos del pastor en su vigilia,

el trajinar de los hombres,

el rodeo silencioso del sueño que los invitaría a tenderse.

Inmerso en su impertérrita mansedumbre,

exiliado de cualquier voluntad,

ignoraba los designios del destino,

su historia, su linaje,

el eterno ciclo de su especie,

el brillo de los ojos del lobo acechándolo.