Lloró
sin consuelo cuando se quedó sola con su hijo y unos pocos amigos
incondicionales. No imaginó lo que sucedería años más tarde con ése cuerpo y
ésa cruz.
Exhausto,
después de seis días de agotador trabajo, se sentó a descansar. Pensó en
algunos detalles al observar su obra terminada. También pensó en bautizar a ese
día como domingo.
Los
cinturonazos que le daba al limonero para que dé frutos, se los propinó también
a su mujer por un embarazo que le diera un hijo macho. Cosechó limones esa
primavera.