
En el 850 DC un
grupo de alquimistas taoístas, buscando una poción para lograr la vida eterna y
la inmortalidad mezclaron salitre (nitrato de potasio), azufre y carbón vegetal
y descubrieron la pólvora, un revolucionario elemento que fue utilizado en fuegos
artificiales para diversión de emperadores, totalmente ignorantes de los
alcances de su invento pocos años después cuando comenzó a ser utilizado como
un explosivo que se emplearía en demolición y muerte. Fue el punto de partida
para la búsqueda de otros explosivos más potentes y sofisticados.
Con el desarrollo
de la tecnología y un mundo cada vez más fascinado por ella, han sucedido
cambios que al principio se pensaron como un avance para temas vinculados a la
salud y a la investigación, luego vinieron los robots, simpáticos objetos que
comenzaron a utilizarse para todo tipo de tareas que realizábamos los humanos,
los drones cuyo arribo recibió muestras de simpatía porque nos permitían filmar
dirigiéndolos a control remoto para que más tarde los viésemos utilizados como
armas letales, infalibles, precisas para operaciones militares que, por razones
distintas a las médicas, se las considera quirúrgicas. La IA hizo su desembarco
y así como acortó y aumentó la velocidad de los métodos de búsqueda de
cualquier información, fue desarrollada para sistemas de vigilancia de la
población a través de las redes sociales conectadas a nuestros celulares. Saben
qué consumimos, qué necesitamos, cuáles son nuestras preferencias de consumo y
qué pensamos.
La IA no solo
fragmentó a la población de acuerdo a sus perfiles, gustos personales y
creencias políticas o religiosas, sino que además, conducto el caudal de
información para que a uno y otro bando separados por una grieta ideológica le
llegase información que atacara con verdades o falsas noticias los puntos
vulnerables o criticables de quienes tienen ideas antagónicas. De una manera
eficaz sembró en campo fértil semillas de un odio que germinaron con inusitada
energía. Lograron plasmar en las decisiones y en el accionar de la gente
grandes manifestaciones y revueltas sociales que a simple vista, y cubiertas
periodísticamente por los medios hegemónicos, parecían espontáneas. Pudieron
llegar a cada casa a través de las pantallas y levantar del sillón del living
al individuo que necesitaban de su lado para que se mantengan las cosas como
hoy vemos como están.
Desde hace 1176
años ocurre lo mismo con los inventos del hombre. Comienzan siendo simpáticos y
atractivos hasta que en un momento muestran su lado oscuro, siniestro y letal.