La oveja y el rebaño

 


Caminaba para visitar a un cliente y en la puerta de la Universidad de la Matanza me encontré con un grupo de jóvenes que extraían de una pila de cajas de cartón elementos que les entregaban a los alumnos que ingresaban a la facultad en ese momento. Eran alrededor de 10 los que realizaban la tarea. Me dio curiosidad saber de qué se trataba y uno de ellos, notando mi espionaje, me proporcionó uno diciendo “Llévelo, es gratis”.

Era un ejemplar en miniatura del Nuevo Testamento. Un objeto de 12 centímetros de alto por 7.5 de ancho, perfectamente encuadernado, de color azul como se ve en la imagen.

Utilicé el ejemplar para hacer uno de mis chistes en la visita al cliente y cuando llegué a casa lo dejé sobre la mesa. Mi hermana llegó de visita unas horas después y se extrañó de encontrar ese libro en mi casa.

Mi hermana recordó un viejo ejercicio que invitaba a practicar una médica que teníamos en común. Te pedía que te detuvieras unos segundos con un libro en la mano, te concentraras y lo abrieras al azar en cualquier parte. Lo primero que leyeras era el mensaje que debías recibir ese día o en ese momento. Tomé esa consigna.

Abrí el libro y leí: “No crees en mí porque no eres una de las ovejas del rebaño del que te hablé”


Historias que no deben olvidarse II

 


Mauricio Rosencof, escritor y poeta uruguayo, escribió estando en prisión sus poemas en papel de cigarrillos y logró que salieran del presidio sin ser detectados por los guardias colocándolos en los dobladillos de las camisas que su familia retiraba para lavar.

Jaime Roos los recopiló y musicalizó en un disco precioso: “La margarita” donde nos cuentan el comienzo y el desenlace de un romance. Recomiendo su escucha.

Sin aquel vehículo transgresor nos hubiésemos perdido una obra maravillosa sobre una historia de amor.

https://youtu.be/RaX71olWrV4?si=J_BXgxp7mvT0E7n-


Historias que no deben olvidarse I

 


Carlos Fasano, hermano del periodista y director del Diario La República de Montevideo, pasó seis años en prisión como preso político en la celda número 282 del Penal de Punta Carretas.

Con su cuchara dibujó en la madera de la puerta de la celda un mapa de viajes imaginarios.

La prisión fue cerrada, desmantelada luego para convertirla en un shopping que quedó en el centro del barrio de Punta Carretas.

Carlos Fasano encontró la puerta de su celda puesta a la venta en una barraca que tenía objetos de la prisión desmantelada. La reconoció por sus marcas personales en la madera.

Decidió comprarla, llevarla a su casa ubicada en un balneario cercano a Montevideo y colocarla en su jardín abierta para siempre.