Me enteré de este
viaje el día de mi cumpleaños, cuando mi hija me entregó un sobre que contenía
los pasajes para ambos, me mostró el maravilloso lugar que había alquilado
frente al mar y me notificó de que cuando llegásemos al aeropuerto nos esperaba un
auto alquilado para poder hacer los paseos que quisiéramos a voluntad.
En nuestro viaje
del verano a Colonia me hizo una pregunta: “¿Qué lugar te gustaría conocer?”
-esperando que entre las posibilidades apareciera Estambul, París, Nueva York,
La Habana. Yo respondí: Ushuaia.
El paisaje no da
tregua. Uno desea tener los ojos de las moscas y una cámara que tome fotos sin
solución de continuidad. La geografía emana una energía, que como los buenos
whiskies, hay que saborear en pequeños sorbos para no marearse.
Entre las fotos
que tomó mi hija (por algo estudia fotografía) y las que tomé yo, superamos
ampliamente las seiscientas. Ella, además, se ocupó de registrar en video
algunas escenas con el auto, esas que son risueñas hoy pero que en el momento
nos hacen dudar si la tecnología de los vehículos modernos creció al ritmo de
la humanidad para comprenderla.
Asimilamos el
contundente impacto visual con el de la historia del lugar y la de algunas
personas con las que pudimos conversar.
El motor que
impulsó el desarrollo de la ciudad fue su cárcel. Los presos aserraron árboles cuyos
troncos alimentaron la caldera de la prisión y la usina eléctrica,
desarrollaron la carpintería, las vigas para futuras construcciones, una
panadería que se distribuía entre la pequeña población estable. En un momento
eran más los confinados en las celdas que la población estable. La cárcel daba
empleo además a personal administrativo, guardias, enfermeros.
Su construcción
fue copiada de otras cárceles de seguridad con pabellones que convergen a un
mismo patio común con el propósito de mantener el orden con un mínimo de
personal armado.
En celdas de 2
metros por dos pasaron sus días desde el primer asesino serial de niños: Cayetano Santos Godino, conocido como “el petiso orejudo”, quien murió luego de una golpiza que le propinaron sus compañeros cuando con la misma
saña y métodos que utilizó con sus víctimas mató al gato de la prisión; Simón
Radowitzki, anarquista que arrojó una bomba en el carruaje del jefe de la policía federal, Ramón Falcón, un despiadado
represor que además de una labor terrorífica en la Campaña al desierto, llevaba
bajo su responsabilidad la muerte de centenares de personas. Simón Radowitzki
fue el único que escapó de esa prisión pero fue capturado por la armada chilena
cuando lo transportaban en un barco con destino a Puerto Arenas. Ricardo Rojas cumplió prisión domiciliaria en una casa cercana al presidio.
La importancia de la prisión está reflejada en distintos lugares de la ciudad.
La cárcel se
cerró por orden de Perón en 1949 luego de muchas denuncias sobre abusos y
torturas cometidas contra los presos. Sentenciados al encierro en un clima tan
hostil, con unas pobres salamandras en el pasillo como única calefacción, los
presos pedían a hacer cualquier tipo de trabajo al aire libre.
La propiedad fue cedida a la Armada aunque ésta la abandonó y hoy está en manos privadas que cobran por el acceso y la visita guiada.
El tren que utilizaron los presos para ir a buscar leña y traerla a la ciudad hoy cumple un servicio turístico. Se toma cerca del Parque Nacional y tiene un recorrido maravilloso.
Pipo fue un preso
que escapó en una de las labores de desmonte. Apareció congelado en un río unos
días después y por eso el cauce de agua lleva su nombre.
Cascada de la
estación Macarena, la primera del recorrido. Desde Macarena a la última hay 30
minutos más de viaje. El tren se detiene para cambiar de lugar a la locomotora y hace el
camino de regreso.
Varias empresas
ofrecen un viaje en catamarán para ir a la pingüinera, el Faro del fin del
mundo y la isla de los lobos marinos.
Hoy el faro se
encuentra automatizado pero imaginemos al guardafaro en esta isla durante el
invierno cuando la luz solar es de seis horas diarias.
El guía, nacido y
criado en Tierra del Fuego habla con enorme respeto y admiración por los
pueblos originarios que recorrían estas zonas en canoas construídas por ellos y
timoneada por mujeres. Un pueblo que supo elegir cuáles eran los lugares que
podían habitar, que lucharon primero contra los Onas y luego con cada
expedición extranjera.
En una de esas expediciones probaron la carne de pingüino y decidieron matar a miles para transportarlas con fines comerciales a Inglaterra. Al llegar al Trópico del Ecuador la carne comenzó a pudrirse y a agusanarse. Los gusaron atacaron inicialmente a la madera de la embarcación y luego a sus tripulantes. De 76 que zarparon de las islas llegaron vivos 7 encerrados en la cubierta con los gusanos acechándolos.
El Parque Nacional es un entramado de accesos a distintos lagos, ríos, senderos, cascadas y caminatas señalizadas con su nivel de dificultad y el tiempo de duración.
No llegamos a
visitar la castorera, el proyecto de un trasnochado en el año 1949 para
comercializar la piel del castor. Trajo las primeras crías y abandonó el lugar.
La proliferación de castores provocó un desmonte impresionante en un sector del
parque. Un desastre de extraordinarias dimensiones. Parece que los negocios no
van en línea paralela con la naturaleza.
En los primeros días de instalados tuvimos una grata visita.
Vista nocturna
desde el departamento que alquiló mi hija. En el reflejo mi hija cocinando.
A las doce de la
noche sigue habiendo luz en el cielo y la noche cerrada, antes de amanecer,
dura aproximadamente una hora.
Conversamos con
distintas personas que aman la vida en este lugar, que vinieron por los buenos
ingresos de un empleo desde distintas provincias y se quedaron. Una camarera
que llegó por un hermano que le aconsejó el viaje, volvió a Buenos Aires y
regresó a Ushuaia con el proyecto de traer a sus padres.
El nieto del
fundador del Almacén de ramos generales en la avenida Mitre que conserva en el
restaurante que finalmente armó parte del mobiliario de su abuelo. Llegó buscándolo
y cuando golpeó la puerta del almacén su abuelo no estaba allí. Estaba comiendo
un asado con amigos y otro nieto lo puso al tanto del paradero.
Viaje al Fin del Mundo.