Mientras ella duerme

 

Ilustración Darío Parissi

Ella dormía

mientras los hombres la soñaban

y despertaban habiendo olvidado lo soñado

con la densa bruma de la vigilia.

Cada uno la veía en una escena diferente,

a veces íntima como una confesión, otras en un mar de gente.

Quizás sonreía enigmáticamente,

tal vez desbordando su inquietante sensualidad.

Para todos ellos el sueño era único y secreto,

y como toda fantasía

nunca elegían las situaciones ni los lugares,

no se cumplían en ellas sus deseos

y quedaban a merced de parecidos interrogantes.

Ella dormía

desconociendo sus múltiples paraderos en la noche,

furtivos domicilios,

eventuales citas sin horario,

extraño deambular sin rumbo fijo.

Ella irrumpía como un súbito desmayo,

sin tiempo para buscar sostenerse,

para amortiguar el derrumbe contra el suelo

ni asimilar la sorpresa.

Ella dormía

desconociendo que la llamaban en otros sueños por su nombre,

que la seguían por calles de otros mundos,

sin tiempo para detenerse

ni sospechas para mirar atrás.

Ella dormía también

en la imaginación de sus soñadores,

que no se atrevían a despertarla

creyendo que su sueño les pertenecía,

que podían contemplar sin ser visto

la maravillosa sensación de ser soñado,

para acercarse a ella con sigilo,

sin un ruido ni un gesto que perturbe,

acercar a sus labios el oído

y recibir la bendición de oír sus nombres.