Conté la plata


Conté la plata. Estaba toda. Nunca faltó un peso pero la plata se hizo para contar, me enseñó mi viejo. Regué las plantas del balcón mientras sintonizaba la clásica a medio volumen para que escuchen los vecinos, así siguen creyendo que soy el vecino que todos quieren tener. Le puse un poco más de alpiste a los pájaros, limpié el piso de las jaulas y cambié el agua de los bebederos. Separé los billetes grandes y los coloqué entre las páginas de algunos libros. Anoté los títulos para que no me pasara lo de la aquella noche con Fiorini. El tano y yo abriendo los libros y yo que no le daba la espalda para no darle la oportunidad que me amasijara. El tano desconfiaba que lo quisiera sarpar y yo, en esa situación,  hubiese pensado lo mismo.
Separé un fajo para los regalos de Navidad. Hice la lista del almacén y cuando abrí la heladera para ver si tenía huevos para la dieta, vi que una parte del diario asomaba por debajo de la  puerta. Lo llevé hasta el balcón y me acomodé en la reposera. La tapa me dio la orientación. Página 17. Y ahí estaba. Empresario textil muere en accidente automovilístico. Si en tres días no aparece ningún testigo, algún cabo suelto, el Juez firma la carátula.

Lo veo medio triste al cardenal. Podría llevármelo conmigo al Tigre.

Barrio viejo


Jamás hubiese creído que después de haber vivido una vida a tanta velocidad y vértigo, sentiría este raro placer de viajar en un automóvil tan lentamente. Hasta me cae bien el chofer, aunque solo vea sus ojos reflejados en el espejo. Hacía mucho tiempo, quizás desde las épocas de mi padre y su Plymouth 39, que no recorría el barrio al ritmo de los paseantes domingueros. Se me llenan de aire los pulmones al mirar el techo verde que construyeron los árboles a uno y otro lado de una de mis calles preferidas para encontrarse en un abrazo de ramas que apenas permite el paso de unos pocos rayos de sol.

La plaza y la iglesia. La plaza donde jugué en la infancia y enfrente la iglesia donde se casaron mis padres y mis hermanos. Yo no quise. Después que Inés se casara aquí con mi hermano, sin remordimientos por sus años de noviazgo conmigo, no pude venir ni al casamiento de mis dos mejores amigos. Aquella noche pude haberme matado pero no tuve valor.

La casa del Tala. Cómo se fue viniendo abajo desde su partida a Canadá. Noches enteras de caña y pase inglés se esfumaron como los paquetes de cigarrillos que comenzábamos a consumir. Nunca le dije al Tala cuánto me había dolido su partida. Jamás hablamos de la noche que trajimos engañada a Estercita y la emborrachamos. Como lloró. Y nosotros, borrachos como ella, no pudimos hacer nada.

La casa de la vieja Emilia. Siempre creimos que era una bruja y le hacíamos maldades para esconder el miedo que nos inspiraba. Y ahora me saluda desde la vereda. No me guarda rencor, pese a que sabía que el cerebro de la pandilla, la piel de judas, el más canalla de todos era yo. Pobre vieja.

El barrio está como lo recuerdo desde siempre. En cada regreso alguna que otra novedad chiquita. La bicicletería del tano que cerró, la vieja heladería que hoy es un lavadero, la casa de Inés que nunca recuperó el cerco de ligustrina que se llevó el incendio. La cuadra de mis amigos, el azote del diablo. Pensar que el único que no se enderezó con los años fue el Hormiga. Y nunca, ninguno de nosotros tuvo el valor de ir a visitarlo en prisión. Queda lejos, decíamos. Ni una carta le mandamos al Hormiga.

El barrio y los amigos de siempre, que me acompañaron desde la infancia. Aquí están, siguiéndome en caravana en mi último paseo.

Asociación libre

No es un secreto que uno de los músicos que más me han impactado sea Charly García.
Hay cuatro o cinco canciones que de tanto en tanto repito como un mantra.
Hoy a la mañana, mientras viajaba en bicicleta a casa de mi madre, vino a mí "Mientras miro las nuevas olas", uno de los temas del disco de Serú Girán, Bicicleta justamente.
Hay una estrofa que volvió a calar hondo con otro significado.

Quiero estar en la playa cuando se han ido
los que tapan toda la arena con celofán
Recordar las estrellas que hemos perdido
y pensar a suerte y verdad nuestro porvenir.
Será cómo yo lo imagino o será un mundo feliz?

Pienso en el mundo que imaginamos.