Calesita eterna


 Vivo en un país que gira en una calesita eterna.

Podés dar vueltas en un barco, en un caballo, en un avión o sujetarte de pie de alguna barra mientras gira descontrolada, sin pausa. Cada muchas vueltas, si la suerte está de tu lado, te llevás la sortija, pero tarde o temprano pasarás por los mismos sitios con la misma mirada e incredulidad de un niño.