Historias que no deben olvidarse III

 


En la canción Brindis por Pierrot puede escucharse “Ahí estás Martín Corena escuchando ésta canción”. Martín Corena fue un delincuente uruguayo que merece el mayor de mis respetos y consideración porque asaltaba solo bancos y entidades financieras, es decir, les robaba a otros ladrones y eso le confería los famosos cien años de perdón.

En Buenos Aires conoció a los hermanos Viñas: El negro y el muerto. El muerto ganó su apodo porque una noche, estando preso, intuyó que entraban para matarlo en su celda y se escondió detrás de la puerta. Los guardias abrieron fuego contra su compañero que dormía en la otra litera. Corena y los Viña formaron una sociedad y viajaron a Uruguay

Cuando la banda se retiraba con 80.000 pesos de un atraco a la casa de cambio Paganini en Montevideo pasaban por allí dos policías. Los oficiales confundieron al “muerto” con un contrabandista y le pidieron los documentos cuando Martín Corena y su hermano salían de la financiera con el botín sin haber disparado un solo tiro. El tiroteo terminó con la muerte de uno de los policías. Los hermanos Viñas fueron apresados unos días después y Martín Corena, que había conseguido huir, fue descubierto por una delación en un campito de fútbol. Pese a que se rindió sin ofrecer resistencia con las manos en alto, la policía abrió fuego y murió de treinta y cuatro disparos.

En la cárcel de Punta Carretas el negro Viña conoció a una maestra con la que se casó al cumplir la condena y puso un almacén frente a la cárcel. En un cajón coleccionaba las amenazas que recibía todos los días.