Si alguien puede certificar que las líneas del destino se componen de una serie de oportunas, exactas e inesperadas casualidades es Julio Parissi. Su vida es un tratado perfecto sobre ellas. Por eso no debería sorprenderme que, tras el fallido intento de asignarle la misión de escribir un libro a un colega, producto que al ser presentado para su evaluación a la editorial se le encontraron algunos datos imprecisos, la responsabilidad de llevar a cabo la tarea recayera sobre Julio, decisión que lo obligó a encender los motores de la investigación periodística y recopilar todo el material que disponía sobre el tema.
El 24 de agosto de 1994 Josu Maru Goitia, Mikel Ibañez y Luis Lizarralde se encontraban internados en el hospital Filtro de Montevideo, Uruguay como consecuencia de una huelga de hambre y sed que llevaba semanas en protesta a que el gobierno uruguayo aceptó el pedido de extradición por parte del gobierno español de los internados cuando el país tiene entre sus leyes no extraditar a nadie por cuestiones políticas. El Gobierno de Luis Alberto Lacalle modificó ese artículo y una multitud se congregó para rodear el hospital e impedir el traslado de los tres vascos acusados de pertenecer a la ETA, una organización terrorista del País Vasco que allí permanecían internados por haberse agravado su estado de salud.
La represión policial fue una de las más feroces de las que se tenga memoria, perpetrada con estrategias militares de combate, alentada por consignas de sus efectivos que gritaban “Vamo’ arriba, que no quede uno vivo”, apalearon manifestantes, arrojaron gases lacrimógenos y dispararon con balas de plomo, provocando un saldo de miles de heridos y dos muertos. Los vascos vieron desde las ventanas del hospital los estragos de una batalla donde la correlación de fuerzas eran armas de guerra contra piedras. Los tres prisioneros fueron trasladados al aeropuerto para su deportación y Julio recopiló todos los datos certeros disponibles en un libro que se pregunta: “¿Qué fue de ellos?”
Unos años más tarde, enterado de la existencia del libro y su autor, le escribió a Julio el padre de un preso pidiéndole un ejemplar porque su hijo estaba cumpliendo una condena en el mismo lugar que Luis Lizarralde y lo conocía. Hacerle llegar el libro fue una dura tarea con final feliz.
En enero del 2009 Julio recibe una carta que Luis Lizarralde le envía desde prisión rompiendo con años de silencio. En ella le cuenta que Mikel Ibañez se encontraba en prisión domiciliaria por padecer un cáncer terminal y que su compañero Goitia disfrutaba ya de su libertad. Lizarralde esperaba una decisión judicial para saber si lo liberaban en el 2011 o debía esperar hasta el 2022. La carta concluye: Con el agradecimiento y la estima debida me despido con un abrazo y por extensión a la patria chica de la Banda Oriental del Uruguay.
