Estado de gracia

Tengo días,

no son muchos

en que estoy en Estado de gracia.

Armónico, feliz, grácil,

etéreo como las alas de un ángel,

inquieto como un niño cuando oye el timbre que anuncia el recreo.

El gesto más simple me conmueve,

me rindo a la alegría,

celebro un abrazo, una llamada, una noticia.

Me sale todo bien,

me felicito,

me observo en el espejo

y me reflejo en las miradas de los que me rodean.

Podría ser doctor y curar al mundo,

un juez ecuánime como Salomón,

solidario como el buen samaritano.

Son días luminosos, diáfanos,

la atmósfera es poesía,

todo acontecimiento merece gratitud.

El mundo continúa como siempre,

sus pésimas noticias,

sus guerras, sus conflictos,

sus terrores, sus injusticias

siguen multiplicándose.

Pero hay cierta coraza,

un antídoto, un suero

que impide la llegada del veneno

y puedo sonreír amablemente,

hacer un chiste,

ensayar unos versos

y quedar saciado en cada línea escrita.