domingo, 29 de enero de 2012

Atentados escolares

Muchas cosas que hacemos caen en la papelera del olvido. Por alguna razón que desconocemos, alguien las restaura un día.
Hoy a la tarde mi hermana, Ana, se acordó de un texto que había olvidado, escrito hace muchos años, tantos como se desprenden del jardín de infantes de mi sobrina y los dieciocho que tiene hoy.
En el jardín de infantes les pidieron a los chicos un trabajo sobre las banderas del mundo. Mi hermana buscó toda la tarde e incluso intentó llamar a la Embaja de Gran Bretaña para sacar datos sobre su bandera. Me llamó en estado de desesperación porque había que entregarlo al otro día. Me senté a la máquina y escribí. Lo imprimí y como mi hermana no tenía entonces Internet en la casa se lo mandé por fax a un locutorio. Mi hermana tomó la bicicleta y fue. Mi sobrina presentò su trabajo: "La bandera de Reino Unido". El éxito del trabajo radica en la risa que le provocó a las maestras cuando lo leyeron.
Unos años antes a mi hija y a mì nos invitaron a participar de un disco que unos amigos editaban anualmente para distintas escuelas. Un disco con canciones para niños, cuentos, etc. Un disco de buena factura que circulaba por algunas escuelas del país.
Me pidieron un texto que respetase el tono de un niño de primer grado y cuyo tema fuera "la maestra". Mi hija grabó con su voz el texto que no salió en el disco aunque sí aparecen en él nuestras participaciones.
A continuación los dos atentados:

LA BANDERA DEL REINO UNIDO


Consultadas diferentes entidades, colegios y universidades sobre el porqué de la bandera de Reino Unido, sin que ninguna de éstas me pudiera ilustrar de alguna manera y luego de llamar a la Embajada Británica, cuyo teléfono debe sonar en el garaje o dentro del auto del embajador porque nadie lo escucha, he recurrido a la biblioteca y pude extraer los siguientes datos de la Enciclopedia Universal de los Hermanos Malerva:

La bandera del Reino Unido fue confeccionada sobre un mantel una noche de brindis donde se derramaron copas de vino y alcohol de quemar.  El Rey Jorge IV, se envolvió en el mantel para resguardarse del frío de la noche y salió de la taberna "La Rata Sigilosa" seguido por condes, duques, Caballeros, un perro San Bernardo y la bataraza de los Smith.

Los caballeros al escuchar el encendido discurso de Jorge IV, número que no obedecía al orden sino al grado al que llegó a cursar en la escuela primaria a la que asistía, dijeron: "Todos a vestirse como Jorgito", lo que al principio causó un poco de confusión porque regresaron vestidos de alfajores.

El rojo lo atribuyeron a la sangre del dragón que había matado San Jorge. Un dragón que el santo mató con su espada aprovechando que estaba débil por el moquillo.  El azul fue porque el mar era de ese color hasta que ellos empezaron con lo de la piratería.  Y el blanco era el fondo del mantel pero se lo asignaron a la pureza que representa ver siempre a un inglés en tierras extrañas como India, El Peñón de Gibraltar, Malvinas, Sudáfrica, etc., donde siempre son recibidos con beneplácito y gratitud.

La bandera no tiene escudo porque justamente San Jorge perdió el escudo en la lucha con el dragón cuando éste se le escapó un flato.

Que tenga los colores en cruz no es ninguna novedad porque ellos andaban con las Cruzadas, dándole al garrote a todo aquello que no creyera en Dios como es debido.  La bandera de Reino Unido es un símbolo patrio que debe ser respetado en todas las tabernas  bares de buena reputación.

LA MAESTRA

Mi maestra me enseñó casi todo lo que sé. Me enseñó a leer, me enseñó a escribir, me enseñó a multiplicar y a dividir. Si tengo 30 caramelos y 5 amiguitos, gracias a mi maestra, yo sé cuántos caramelos les corresponden a cada uno de los 10 que no puedo comerme en el recreo más largo.


Todos los regalos que le llevé a mi mamá los hice con mi maestra. Mamá se emocionaba y lloraba todos los días de la madre con el cenicero de jabón blanco, con el apoya-fuente de fósforos quemados, con la bolsa del pan o el velador que hicimos con una botella chorreada con vela y que mamá no sabía dónde guardar.



Cuando llego con la tarea hecha mi maestra pone una cara. Cuando llego tarde pone otra. En los actos y en los recreos mi maestra puede poner las dos caras al mismo tiempo.



Los grandes dicen que la maestra es nuestra segunda mamá y papá cree que eso estaría muy bien para la maestra si cobrara salario familiar por cada alumno.



Ella se viste como nosotros pero nunca le faltan los botones, ni se despeina ni se le ensucia el delantal como a mí.



Cuando era chica yo quería ser maestra pero un día me pidió que borrara el pizarrón y me vino la alergia al pizarrón. Mamá dice que es alergia a la tiza pero yo sé que es al pizarrón porque cuando paso a dar lección la voz tampoco me sale y toso como cuando me preguntan quién metió el dedo en la crema.



Sarmiento fue el primer maestro y enseñó con la pluma, con la palabra y con la espada porque los chicos no se portaban bien.



 Cuando hacemos lío mi maestra grita que se va a quedar muda de tanto rezongar pero no se corrige.



Ella corrige con marcador rojo cuando no pongo la hache que es muda pero igual hay que ponerla, cuando me equivoco entre la B de vaca  alta o la v de vaca baja.



De cada maestra tengo algún recuerdo además de la foto con mis compañeros. Cada año que pasa voy a visitar a mi maestra del año anterior porque la extraño, después me acostumbro a la nueva y pienso de ella casi las mismas cosas que de todas las maestras.



Las maestras son tan necesarias como los doctores y los dos se visten con el mismo delantal ¿será por eso?


lunes, 23 de enero de 2012

Año en blanco

Otro año.
Otra hoja en blanco para ser completada con algunos aciertos y muchos yerros, con omisión de tildes y signos de puntuación, esos que, como decía Cortázar sobre las comas, son puertas giratorias que nos llevan a un camino y a un destino diferente al prefijado.
Gracias a los que siguen estas líneas. Gracias de corazón.
Un año que invita a borradores, nuevos textos, correcciones, plasmar ideas viejas y nuevas, pelear contra los que ponen las cosas de este mundo al revés, aunque la batalla esté perdida de antemano.
Cuando termina el año, repaso la cantidad de artículos, cuentos, notas y compruebo si la cifra al menos alcanza a la del año anterior, esa estúpida e insana cultura de la producción que no siempre, casi nunca, se hermana con la calidad.
Si repaso un poco, si cometo la osadía de echar una ojeada por el espejo retrovisor, puedo estar conforme con esta ensalada extrañamente condimentada.
El correo electrónico me quitó la costumbre de las cartas de puño y letra. Y aunque sepa que estos textos no llegan a ustedes de la mano de un cartero, tengo la fantasía que al relato lo acompaña parte de lo que siento al escribirlo.
Tomemos nuestras plumas, empecemos con los primeros garabatos.