viernes, 11 de mayo de 2018

Pasajero



Después de casi treinta años volví a subir a un avión. No se parecía en nada esta moderna aeronave a aquel Hércules en el que nos embarcaron rumbo a Malvinas.

Despegamos de Buenos Aires en un día nublado y al cruzar el Río de la Plata el avión se sacudió unos minutos debido a la turbulencia. Cuando tomó altura y se estabilizó me empecé a relajar y me quedé dormido.

Me despertó el ruido del carro donde transporta el servicio de abordo. La azafata, con una sonrisa celestial, depositó un par de sandwiches triples de jamón y queso y unas galletitas dulces sobre mi mesa rebatible. Acompañé la vianda con un café corto y un jugo de fruta.

Intenté leer la revista que colocan en los sobres del respaldo de los asientos anteriores cuando un dolor agudo me desgarró la boca del estómago. Fue tan punzante como inesperado. A los pocos segundos comencé a sudar y a sentir espasmos y burbujas en todo el aparato digestivo. Me avergoncé pensando que esos ruidos que provenían de mis tripas fueran escuchados pero los dos hombres que compartían conmigo sus lugares en la misma fila de asientos dormían sin enterarse. Observé que un hombre salía del baño ubicado en la parte delantera del avión. Me aflojé el cinturón de seguridad con la secreta esperanza que eso me aliviara, pero lejos de disminuir su intensidad el dolor me hacía dudar si luego de incorporarme podría llegar hasta el baño sin que una catástrofe intestinal me dejara en ridículo con todos los pasajeros. Me incorporé con mucho esfuerzo y apoyándome en los asientos me dirigí por el pasillo hasta el baño y entré con tanta prisa como decisión. Me aflojé el cinturón, bajé mis pantalones y me senté en el inodoro con el vientre totalmente inflamado. Despedí una catarata líquida mientras pensaba en cómo iba a dejar el lugar en las mejores condiciones posibles. Sentí un vacío en el estómago y una sensación de vértigo que me obligó a aferrarme de las paredes de la cabina del baño. Si había sido un pozo de aire debe haber asustado a todo el mundo. Noté que todo se estaba moviendo frenéticamente y escuché algunos ruidos de cosas que chocaban en el pasillo. Luego comenzaron los gritos mientras yo trataba de sujetarme de donde podía ante las sacudidas cada vez más intensas. Las luces del baño se apagaban y encendían. Escuché gritos de espanto y un zumbido agudo mezclado con la voz del comandante cuyas palabras no alcanzaba a entender. En medio de los sacudones me incorporé y me higienicé, tratando de volver a mi asiento lo más pronto posible. Las luces del baño se apagaron y tardé en hacer girar el picaporte para salir. Afuera del baño todo estaba en completa oscuridad y en silencio. Las sacudidas de la nave terminaron pero no podía precisar dónde se encontraba mi asiento. La gente conversaba sobre los minutos de terror que habían pasado y volvieron a encenderse las luces que identifican los lugares. Llegué a mi asiento, me ajusté el cinturón y no sé cuánto tiempo pasó hasta que me dormí nuevamente.

Me despertó la voz de la azafata anunciando que estábamos a punto de aterrizar y el consejo de mantener los cinturones abrochados. Bajé del avión con mi bolso de mano y en la caminata hasta el hall pude ver a los que vinieron a esperarme. Estaban mis padres, mis abuelos, dos amigos y los compañeros que había dejado en Malvinas.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Réquiem para mi cámara Canon



En la categoría de objetos existen instrumentos que a mi entender escapan a la lista de inanimados. Los relojes, las brújulas, la pluma estilográfica con la que escribo en este momento y que de acuerdo al día y a su propio carácter, puede ser dócil y sumisa o arisca como un caballo chúcaro.

El gran BB King había bautizado con un bello nombre de mujer, Lucille, a su amada guitarra Gibson. Sus buenas razones tendría.

Las máquinas fotográficas también tienen su magia. Por ellas pasaron momentos que quisimos registrar, preservar, documentar por su trascendencia o valor sentimental.

Ésta máquina de fotos, por primera y única vez fotografiada, viajó a Buenos Aires en manos de mis amigos Ariel y Mirna y desde su llegada a mi casa no ha faltado a ningún compromiso importante. Entre sus mecanismos se han transmutado con fidelidad escenas magníficas.

Dejó de funcionar hace dos meses, después de quince años de odisea. No podía arrojarla a la basura como un trasto viejo, una lamparita quemada, un tubo de rollo de papel higiénico. Fui a la oficina oficial de Canon y le dije a la mujer que me atendió:
“No puedo tirarla a la basura. Dispongan ustedes de este cuerpo y tomen lo que les sirva”

La empleada, al principio, no entendía claramente el porqué de mi visita, pero luego, con mucha delicadeza, la extrajo del estuche, la encendió (y encendió efectivamente, como negándose a su jubilación obligatoria) pero no logró disparar una foto.

Me devolvió las pilas recargables y el estuche de cuero.

Allí la dejé, con miles de horas y kilómetros recorridos, con miles de recuerdos aún latentes.

martes, 1 de mayo de 2018

El Diablo gana por goleada



Desde que éramos niños nos han plantado en la mente y en las tripas la épica batalla del Bien contra el Mal. Y así fuimos bien representados y defendidos por nuestros superhéroes y su titánica lucha contra los que querían dominar el Mundo.

La Iglesia católica ha puesto blanco sobre negro advirtiéndonos sobre los hechiceros y maléficos encantos de Lucifer, quien con sus oscuras tentaciones ha intentado conquistarnos bajo el influjo pecaminoso de la avaricia, la lujuria, la ambición por la conquista de todos los bienes terrenales.

Si observamos la situación del Mundo actual podemos decir que las huestes del mal en todas sus formas y estilos ganan por goleada.

No hay lugar en el Planeta que no viva algún tipo de caos social, económico, moral, donde las víctimas son los más débiles. Ciudades devastadas, poblaciones masacradas para que un selecto número de malhechores aumenten sus ganancias con la venta de armas, claven sus garras en las riquezas naturales y siembren el horror y el espanto.

Ya no existen el Pingüino, el Guasón, el Acertijo, Gatúbela, el Capitán Monasterio. El Diablo es sabio y entendió que el crimen organizado debe estar bajo la estructura de una sociedad anónima y que los criminales identificables son solo accionistas.

Desde la era Cristiana, con diferentes métodos y argumentos, el Innombrable ha ido despachando a los buenos con paciencia, dedicación y sentido de la oportunidad. Se dió el lujo de expulsar al Hijo de Dios hace dos mil años y no con conforme con esto, ha continuado esa práctica hasta nuestros días.

Puede que a Dios le suceda lo mismo que a algunos técnicos de fútbol: se quedó sin capacidad de reacción. Como no sabemos en qué momento del partido estamos es preciso plantarse con actitud para que no termine en baile y la derrota no sea solo abrumadora sino también humillante.

jueves, 26 de abril de 2018

La primera muerte




Con el corazón batiendo en el pecho, se metió en la maleza buscándolo. Entre los pastizales lo encontró. Aún se estremecía en estertores, haciendo un colosal esfuerzo por aferrarse a la vida, con sus grandes  ojos mirando el cielo tan lejano. Se quedó  observándolo morir lentamente mientras la angustia le cerraba la garganta. Lo levantó del suelo delicadamente, como si ese gesto tuviese algún valor. Fue su primera muerte. Cavó una pequeña fosa y llorando lo enterró. Al lado del pájaro colocó su gomera.

viernes, 20 de abril de 2018

Ceniza



El cielo es plomizo, gris; tan gris que puede confundirnos sobre cuál es la hora real: estamos en el mediodía y la luminosidad es idéntica a la de las seis de la tarde. Algunos asientos detrás de mí del colectivo en el que viajo, la conversación que escucho se mimetiza con el paisaje que veo del otro lado de la ventanilla. Un hombre se queja, a su compañera de viaje, de cuánto es menospreciado su talento, de todas las cosas que cambiará para ganarse el respeto de sus mediocres colegas, de lo bien que hablan de sus cuentos encumbrados escritores, de los talleres que es capaz de organizar para un alumnado ávido de su luz. La mujer escucha y sobre el final de cada párrafo estimula con pocas palabras su verborragia, su catarsis, su sermón. El hombre habla en voz alta y cada tanto se enoja con el universo que conspira en su contra. El cielo, mientras tanto, se vuelve ceniza.

Sentí que el hombre tocó el timbre solicitando detenerse en la próxima parada. No  pude dominar  mi curiosidad por observar sus rasgos, intentando comprobar si su voz correspondía con la imagen que me formé de él sin haberlo mirado una sola vez. Descendió antes que la mujer; iba envuelto en una nube densa que impedía escudriñar sus rasgos. Allí quedó, dentro de la borrasca donde solo se distinguía una mano de la mujer. Miré hacia atrás y vi la nube. En la calle, el día resplandecía majestuoso.

martes, 17 de abril de 2018

O Rei do Pelourinho



En una de las calles de Pelourinho, el barrio emblemático del centro bahiano, nos encontramos Jacqueline y yo con Edmundo Edvon Santos, artista de ochenta y cuatro años, quien ostenta desde hace décadas la preciada condición de ser “El negro más bonito de Bahía”, presentación personal luego del saludo de rigor, es certificada por los residentes que se acercan a saludarlo.

Edmundo anda vendiendo sus trabajos en distintas técnicas plasmados en litografías de papel satinado y porta consigo una carpeta con folios donde conserva notas, fotos, premios de otros tiempos no tan lejanos, sobre todo para quien fue hijo de un hombre que vivió hasta los ciento seis años. Dueño de un humor inteligente, exquisito, nos cuenta la historia de su barrio, de origen aristocrático hasta que la proliferación de la población negra, altamente competitiva en superarse entre sí  en el número de hijos, obligase a los primeros residentes a emigrar a otras zonas más apropiadas a su abolengo.

Santos define las etapas de la vida de un hombre trazando un paralelismo con los pájaros. Hasta los treinta es un picaflor y anda de un lado al otro picoteando todas las flores. Cuando llega a los cuarenta se convierte en un águila que selecciona a sus presas. Llegando a los sesenta es un buitre que come lo que encuentra y a los setenta es un cóndor. Con dor (dolor) aquí, con dor allá.

Conversamos con él casi una hora. Sus trabajos fueron declarados de interés cultural por la intendencia y un visitante le regaló la edición de unos minutos de filmación https://youtu.be/3yKYJTlYtks. Lleva una camisa y una gorra de color blanco impecables que le confieren un aire señorial que sumado a la  gracia de sus gestos, cadencias y entonaciones nos hace  sentir que estamos frente ante alguien de linaje africano.

Edmundo es un príncipe y un rey en Bahía.

Al estrechar su mano le prometí que escribiría sobre este encuentro que me hizo un poco más rico de lo que soy.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Reflexiones matinales

El Capitalismo y la religión católica se parecen. Ambos te prometen un paraíso invisible en un futuro incierto.

La reencarnación no garantiza mejora. Siguen naciendo muchos más Herodes que Cristos.

La diferencia entre un sicario y un ministro de economía es la herramienta de trabajo. El primero utiliza un arma de fuego y el segundo una lapicera.