sábado, 3 de julio de 2010

4 a 0 - La culpa es de mi madre

Me levanté igual que la otra vez y como contra México me puse la remera negra mangas largas , sin lavar, pese a que estaba caluroso y el detalle me sirvió para tener espacio en el colectivo en el viaje de vuelta cuando me tomaba del pasamanos.
El mismo boxer, las mismas medias y las mismas zapatillas.
Tomé el mismo colectivo, como para llegar con tiempo y encontré la escena dispuesta.
Todos igual, en los mismos lugares, mi hermana en la silla de la cocina, digamos como último hombre, por si en cada ataque, los alemanes superaban el hechizo de los cuernitos contra el televisor, mi otra hermana en el comedor, mi sobrina embanderada con gorro y una corneta que aprendió a hacer sonar como la bocina de un transbordador.
3 minutos y nos cabecean en la puerta del área chica y gol. ¿Cómo entraron? ¿Cómo no iban a entrar si esa zona contra México era de mi vieja que se sentaba en la cabecera de la mesa del living y ahora no? Aprovecharon el hueco que dejó mi vieja los hijos de puta.
No sirvieron las súplicas, los ruegos ni las amenazas de pasarle la dirección a la barra brava de Chacarita para que se den una vuelta cuando regresen de Sudáfrica. Mi vieja no se movió y por allí entraron casi todas las veces, por el lateral izquierdo.
No señalen a Diego, no culpen a Messi, no busquen responsables. La responsable vive en Olivos.
Tengo los datos y la foto bien clarita. Ella no admite porque no cree. Con los ateos es así. Ateos fundamentalistas son.

jueves, 1 de julio de 2010

La gorra me queda chica...


Mauricio Macri, nuestro Jefe de gobierno porteño, incorporó la tecnología para mejorar, intensificar y aumentar su cuidadoso sistema de recaudación.

Cualquier pescado que tenga un celular con cámara (hoy somos muchos los pescados que contamos con ese instrumento) puede fotografiar a cualquier porteño cometiendo una infracción de tránsito, enviar la imagen por mms a un sitio web y automáticamente sale una multa al domicilio del infractor.

Entonces vemos individuos parecidos a nosotros, que visten ropa de calle, que están de civil o gozando de un franco quizás merecido, fotografiando a quienes están pisando con sus ruedas delanteras la senda peatonal, estacionando en contravensión, cruzando un semáforo en rojo, hablando por celular mientras conduce.

Hay cientos de nuevos vigilantes en la Ciudad de Buenos Aires, profesión siempre al Servicio de la Comunidad-

Cientos de tipos que llevan en la frente la marca de la gorra azul con vicera negra.

Cientos de tipos a los que no les dió el coeficiente intelectual para ingresar a la escuela de la policía.

Lo único que portan como arma es un celular.

Quisiera verlos en una situación comprometida con una picana.

A mí la gorra me queda chica.