sábado, 21 de junio de 2014

Sobre buitres y caranchos

Hoy me acordé de los buitres. Y también recordé que en mi libro tenía una parte que hablaba de los préstamos. De las históricas formas que tenemos de rendirnos al imperio. Y aunque es en clave de humor, los datos son ciertos.

Las políticas económicas rivadavianas fueron aplicadas bajo una receta mágica creada por su Ministro de Finanzas, Manuel José García, al que nunca se lo pudo juzgar por mala praxis.

Para financiar nuevos proyectos y pagar deudas de guerra originadas en los primeros años de la Independencia, se pidieron préstamos a una potencia mundial siempre amiga de nuestra Patria: Inglaterra. Estos préstamos fueron garantizados con tierras y productos ganaderos.

Una de las operaciones se hizo a través de la firma Baring Brothers, vecinos de los Warner Brothers, los cuales hicieron un negocio de película y todo quedó en familia.

El Gobierno nacional firmaba recibos por 1.000.000 de libras esterlinas, recibía 500.000 en papeles que le servían para comprar productos ingleses (una tarjeta de crédito) y para pagar comisiones a intermediarios, sellados, impuestos aduaneros, timbres, porteros, ordenanzas y cafetería enviados en ticket adjunto a las órdenes de compra.

Leyendo las facturas y asombrados por el estrafalario precio del café en Londres, los argentinos se preguntaban por el tradicional té inglés, por la cantidad de sellados, por la política impositiva y por el buen momento de los porteros británicos.

Mientras en nuestro país miraban los precios para comprar, llegaban los intereses de los bancos ingleses.

Manuel José García envía una carta de Intención:

Queridos Brothers:

Tuvimos el agrado de recibir noticias vuestras a través de las cartas-documento que nos enviaron hace unos días intimando al pago de los intereses punitorios por la diferencia horaria (entendemos perfectamente que allí amanece más temprano) en el vencimiento de la primera cuota del Préstamo que tan gentilmente nos otorgaron  y que aún desconocemos su destino.

Hemos preguntado, siguiendo su experta experiencia, en las Islas Filipinas y en la Cooperativa de Bomberos Voluntarios de Australia, sin conseguir una respuesta favorable a nuestra inquietud.

Nos llegaron si, los pulóverers confeccionados con la lana que les enviamos, con la explicación en castellano (agradecemos la deferencia) de cómo zurcir los agujeros producidos por la temible polilla de ultramar.

Creemos que si bien el costo de producción quintuplica el precio de la materia prima, bien vale la pena pagar por la tecnología,  así como asegurar su llegada a puerto en los buques ingleses. Que nos critiquen por derroche es menos grave que lo hagan por falta de modernidad.

Conociendo vuestro altruismo y preocupación por las penurias financieras de nuestro país, me he permitido insistir en recurrir en vuestra ayuda  para localizar el dinero que nos enviaron o el paradero de los hermanos Baring.

Hoy mismo giramos los intereses.

Siempre vuestro

Manuel José García


La deuda contraída por el gobierno de Rivadavia y piloteada por su Ministro García, de quien se conserva un busto en el Palacio de Buckingham, en cuya cabeza  la reina Isabel coloca su corona antes de ir a dormir, terminó de pagarse en 1906 en cinco bancos ingleses, los cuales por su vocación en el cumplimiento del deber patriótico, se ocuparon de cobrarla cada uno en su totalidad. El estilo rivadaviano en materia de Deuda Externa, dejó huellas tan marcadas que funcionarios de siglos posteriores las repitieron.


viernes, 20 de junio de 2014

Bajame la tabla


Cuando voy de visita a lo de mi madre y ella ve que voy a pasar al baño, repite sistemáticamente la misma indicación: "Bajame, la tabla". Y esto significa que luego de orinar coloque la tapa del inodoro en la misma posición que la encontré.

Hace unos días le pregunté el porqué de la indicación permanente: “Porque me da impresión encontrarla levantada”. Suficiente.


En la casa de mi madre viven cuatro mujeres. Mis dos hermanas, mi sobrina y ella. El único hombre era mi padre, que partió en el 2008. Cuando entra al baño y encuentra la tabla del inodoro levantada, su mente toma otros rumbos.

lunes, 2 de junio de 2014

Abdico


Abdico. No aguanto más. Ya me han llenado los cojones.

8 millones de Euros cobraba hasta el 2013 y con la puta crisis española, que no se que bruto ha armado, aquí estoy en la miseria. Ahora gano solo U$S400.000 al año. Y sin jubilación. Joder, con estos tíos, que no me dejan vivir en paz. Que no puedo ni salir un rato con la escopeta a cazar un elefante que ahí está la prensa. Mejor se la pasa el Rey de la Fugazzeta al que no irán a joderle si no paga los ingresos brutos. A lo mejor recibe una que otra hostia si se le quema alguna, pero a mí, lo que se dice a mí no me perdonan nada.

Que se levante Felipe los lunes temprano después de viajar el domingo a Portugal a ver la final del Atletic contra el Real. Menos mal que no me hicieron viajar inútilmente y el Real se quedó con la copa. Porque lo último que le faltaba a la realeza era perder también al fútbol contra un colchonero, joder.

¿Quieren saber lo que es ser rey? Pues, ahí tienen. Tuve que esperar a que ese bruto de Franco muriera para ser proclamado, de acuerdo a la Constitución española, que para algo se escribió, como único heredero de los Borbones. Rey se nace. Y yo nací en el exilio, cuando aquí mandaba por la fuerza Franco, al que francamente mi padre no soportó jamás. Y que me digan a mi lo que es venir a estudiar y no saber si uno sale vivo.

Estuve en la Academia militar de Zaragoza, donde me dieron una instrucción militar incompleta. Tan incompleta que una tarde se me escapó un tiro del revólver que manipulaba y maté a mi hermano Alfonso. Pidieron investigar el hecho, pero cerraron el caso poniendo que había sido de bruto, nomás.

Me casé con Sofía porque era princesa en Grecia. Muy agraciada no era pero vestía unas capas muy bonitas y nada mejor que el viento para que en los paseos en los jardines reales le taparan un poco el rostro. A propósito. Una de sus capas se quedó en Argentina en un paseo. Bebió tres copas y perdió la capa. ¿Desde cuándo hay guardarropa en la casa de gobierno, Sofía, le dije esa noche, cuando me entregó un ticket de color rosado. Si alguien tiene la bondad de enviarla, yo pago la encomienda.

Soy el Rey Juan Carlos, joder. No una sota de bastos ni un cuatro de copas. Algo más de respeto, que no puedo encontrarme con una Duquesa a tomar el té en la madrugada porque me cuesta conciliar el sueño que ya anda la prensa inventando romances. Los reyes no nos enamoramos, eso es cosa de los cuentos. Los reyes vivimos para hacer felices a nuestros pueblos, sonriendo en las fotos, mirándolos a los ojos desde los portarretratos que colocan en sus casas. Nada como el pueblo. Por ellos vivo.

Abdico.

Estoy redactando mi currículum por si algún país anda buscando rey con experiencia. Desde el 75 que subo y bajo las escaleras del palacio, firmo papeles, salgo en estampillas, muestro el escudo. No creo que haya alguien idóneo como yo.

Los viáticos lo dejo incompleto porque es un tema a conversar.

Me despido de mi pueblo. Me verán quizás en alguna que otra corrida de toros. Hasta que algún gilipollas las prohíba, como prohibieron la caza de los elefantes.