sábado, 29 de octubre de 2011

La agarré al vuelo

Bebí un sorbo de gaseosa fresca y la degusté con verdadero placer luego de unos saladitos que me despertaron la sed mientras escuchaba en mi mp3 algunos temas.
Trabajé concentrado, tranquilo, escribí, redacté, respondí sin distraerme.
Y desde aquí no veía los bolsones de pobreza, los hospitales en mal estado, los robos, el desempleo, las necesidades de la gente común, la corrupción, la desidia.
Era una postal magnífica, unas formas geométricas perfectas, algunas hilos de agua. El Capitán dijo: "Volamos a 10000 metros de altura"
Y allí pensé en nuestros políticos cuando se elevan en el aire tomado y sustentados por cierto poder, impunidad y soberbia, pierden de vista el llano, el piso, la calle que hasta ayer transitaban como yo, como vos, como todos.
Y qué pequeñito se ve todo desde aquí. Y tan bonito. Una pinturita.

domingo, 23 de octubre de 2011

Los ex amigos

Estaba en un bar cerca de casa, desayunando, cuando el televisor empezó a proyectar las imágenes de su captura, tomadas gracias a los avances tecnológicos de este siglo desde un celular, para ser divulgadas por el Mundo, de Este a Oeste, de Norte a Sur.
Es impactante, entrar en contacto con la realidad y la violencia de este mundo a primeras horas del día, sin nada en el estómago, con un puñado de primeras palabras pronunciadas a los seres queridos.
Era un tipo ensangrentado, facilmente reconocible, porque en los últimos tiempos, su cara estuvo en todos los diarios, en todos los noticieros, forcejeando contra un turba que quería llevarse una parte de él como trofeo.
Me impresionó que esto fuera transmitido como si se tratara de una corrida de toros, ceremonia que aborrezco, donde un animal indefenso lucha en condiciones desiguales, ante una multitud que quiere verlo herido y furioso primero, para disfrutar luego y aplaudir la estocada final del torero.
En este caso era un hombre, pero el rito era el mismo.
Muammar Kadafi hizo el mismo camino que antes emprendieron Saddam Hussein y Bin Laden, en algún momento socios, cómplices o amigos del mismo poder que los derrocó y luego los ejecutó.
Fueron, según la prensa, 40 años de dictadura sangrienta que no preocuparon mucho al mundo hasta hace poco, como tampoco preocupan al mundo los presos de Guantánamo ni las atrocidades que durante años cometieron otros dictadores, a los que no se los invadió, ni se los censuró, ni se los bloqueó como en el caso de Cuba. A Pinochet, por ejemplo, no le sucedió nada de todo esto y murió tranquilo en la cama, como un abuelito bueno.
Cosa rara esta.
Uno internaliza a través del cine, el arte, la historia, los medios de comunicación en general que cuando matan a un malo, los responsables de su muerte son buenos.
La ONU va a investigar si fue un crimen de guerra, porque la Convención de Ginebra exige un tipo de trato muy específico con los prisioneros. Y en el video se lo ve vivo y luego aparece muerto de un balazo en la cabeza.
Algo parecido a lo que sucedió con Ernesto Guevara, que fue prisionero estando herido y sin que peligrara su vida y fue ejecutado después que llegara un telegrama a La Higuera, pueblo donde había sido capturado tras un enfrentamiento, que en clave era una orden "Díganle buen día a papá" y luego entendimos en el desenlace, su significado.
"El Mundo será un infierno" dijo Kadafi. Bueno, creo que esto no es novedad desde el inicio de los tiempos.
Hussein había terminado con una etnia kurda y en ese entonces apenas se escuchó un murmullo de voces horrorizadas, porque los crímenes en este sistema, se miden de acuerdo a la latitud donde se producen. No es lo mismo Medio Oriente, que las Torres Gemelas o Europa o al Sur del Río Bravo, donde Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, Argentina, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, soportaron regímenes sangrientos, para dar unos pocos ejemplos.
No hay nada peor que convertirse en un ex amigo, como lo fueron Bin Laden o Saddam.
Pero esto ya forma parte de la historia. Ahora hay que ponerse a organizar la próxima corrida de toros.

sábado, 22 de octubre de 2011

Estaffardi desde Estados Unidos

Comprometido con los argentinos, realizó junto con sus asesores una gira mundial para interpretar la crisis económica y darle respuestas al país.

viernes, 14 de octubre de 2011

Marta, de Wilde

Marta, de Wilde, es una seguidora incondicional de Alfredo Estaffardi.
En todos los post publicados están sus inteligentes comentarios. Hace poco escribió a la dirección personal de Don Alfredo, y él, desde Singapur, le pidió a su gabinete.
Marta escribe como piensa.
Marta dice lo que siente y cómo lo siente. Aquí va su carta. Una delicadeza que me recuerda a un amigo.

antes que nada ,respeto,como le digo a wilde jr.vos podes ser pobre pero ,  respeto, no se deja de costado jamas no?ustequeopina?
a razon de lo que se lo digo donalfredo?
que la otra tarde fui al chino a comprar curitas y alicates de uñas que el distribuidor no me iba a traer por diez dias,y eso que no debo nada,porque lo poco que tengo lo hice traspirando,usted bien lo sabe lo que nos costo a wilde y a mi poner el kiosco y no vaya a ser que estos chinos nos dejen sin mano de obra a los argentinos.
porque como dijo el consuegro de mi cuñada,separar la paja del trigo, y no meter a todos en la misma bolsa,por que no abren supermercados en china cada dos cuadras,como aqui?
seguro que la ley en china  no les permite, pero aqui ,esto es un cualquierismo como se dice.
jjjuuunnniioooorrrr......
jjjuuuunnniiioooorrrr....
pone a empanar las milanesas ...por favor
ah, le contaba,que le pedi las curitas y alicates y el chino con su cara de....nose... se puso a discutir a los gritos,en chino,creo.
yo me fui y le deje todo y no compre nada.maleducado le dije en tono bajo,no me iba a poner a su altura.
porque como gritan estos.
yo quiero tranquilidad  y que me dejen trabajar en paz,es mucho pedir ,aqui en el barrio,todos les mandamos un cariño enorme
y dijo tito el vecino que le agradece las sombrillas de pecsicola   que le consiguio usted,alfredo.eran para el jardin,porque no tiene una gota de sombra,tito.
un saludo de todos
marta de wilde

jueves, 13 de octubre de 2011

Vos y tu taxi

 
El primer poema lo escribí a los doce, inspirado en un viaje tuyo y la distancia.
El primer poema lo escribí a los doce, inspirado en un viaje tuyo y la<br /> distancia
Tu hija y mi hermana me mandó un mensaje de texto hace unos días, mientras yo estaba lejos, en otro viaje, recordando la fecha exacta, hace tres años, en que vos emprendiste el último. Me dijo que se iba a tomar un whisky, como el que yo me tomo ahora, para recordarte en uno de tus momentos más placenteros, en tu verdadera y genuina dimensión.
Papá, no te quedás quieto ni estando muerto!!!
La otra noche, a punto de conciliar el sueño, me acordé de una de tus anécdotas, una de las tres mil cien, que siempre me causaron gracia y me largué a reír, pero a reír tentado de verdad. Gracias.
La voy a contar en primera persona, como la contabas vos.

“Había empezado hacía poco como taxista y mi primer auto fue un Playmouth 39, un auto largo, con estribos debajo de las puertas, como el auto de Elliot Ness. Los zócalos estaban tan picados que en el invierno entraba un chiflete que te cortaba los tobillos.
Me toma un tipo una noche a la salida de una boite y a las tres cuadras de ir por Libertador, el tipo estaba acurrucado en el sobretodo, asomando la nariz y con los pies en
cuclillas arriba del asiento. Me dice “Viejo, este auto es para pingüinos!!!

Sube un yanki para que lo lleve hasta una fiesta repituca. Cerca de la entrada, estaba estacionado un Mercedes y el tipo me dice “Aparque detrás de ese carro”.
Y yo le digo: “Eso no es un carro, eso es un auto, esto es un carro”.
“Esto no es un carro, es una carretilla”

Estaba en la parada de taxis, se estaba haciendo de noche y venía una tormenta. Cae
una familia y me pide que la lleve a José C Paz. Le digo que no, que no podía y un boludo que vivía en la parada me dice: ¿cómo te vas a perder un viaje así?,vamos que yo te acompaño”. “No se puede el auto no está bien”. “Pero, si es una boludez”. Me rompió tanto las pelotas y la gente que insistía, que por favor, que le dije que si.
Cuando estoy subiendo al primer puente de la Panamericana la tormenta había puesto el cielo de noche y el que venía de acompañante al lado mío (ibamos tres adelante y
cuatro atrás) me dice “prendé la luz alta…” Callate, boludo que esa es toda la luz que hay”. La Panamericana recién terminada, no se veía una mierda, no andaba el limpiaparabrisas, nadie hablaba. Me pregunta mi compañero “No veo un carajo”queriendo asomar los ojos por afuera del vidrio. Quedate tranquilo que yo tampoco”. “¡Qué jodido que esto!”, ya a punto de llorar. “Te dije boludo, que no era para salir”. Como a la Panamericana la estaban acondicionando todavía, el auto iba un poco por el pavimento y otro poco por los canteros, a los banquinazos. Silencio total, nadie decía nada, yo creo que rezaban. Y escucho a mi compañero que dice “Que manera boluda de venir a jugarme la vida, yo”

martes, 11 de octubre de 2011

Trama

Vaciló unos segundos antes de atravesar el umbral y caminar hasta el pasillo, sorprendida en el trayecto porque el olor de los antisépticos no le habían hecho el daño que ella esperaba cuando consideró que debía prepararse mentalmente para enfrentar a esa fobia persistente que siempre le provocaron los hospitales, pensando que quizás, la congestión avivada por el llanto continuo de las últimas horas, le habían servido de bálsamo protector, y aquí estaba, caminando según le habían indicado en la recepción, rumbo a la morgue, dispuesta a reconocer lo que quedaba de Gaby.
Con pasos más seguros se acercó al final del corredor, decidida a que éste haya sido el desenlace marcado por un punto parecido a los que meticulosamente precisó en cada carta, entendiendo a la perfección el clima in crescendo que había propiciado con la vieja Olivetti de cinta violeta cada madrugada en la soledad de su escritorio, bajo una densa nube de humo de cigarrillos, desde que maduró la idea y echó a girar el carretel de la trama.
El diario íntimo que ardió embebido en alcohol en el jardín de la casa del Tigre, junto con los apuntes, manuscritos y borradores de novelas inconclusas, daban cuenta con la precisión y justeza de un registro contable, los distintos episodios que durante algunos años fueron construyendo una historia que fue empañando el brillo de otros días.
Habían sido vecinas y amigas en la infancia. La mudanza de la familia de Gabriela las separó siete años, pero volvieron compartir un aula en la secundaria, confidencias, sueños y cada una fue delineando una ambición personal y un futuro diferente.
Gabriela se acostumbró a utilizar los privilegios que le confirieron una exquisita belleza natural, a ser permanente blanco en la atención de sus compañeros de aula y Patricia a cultivarse intelectualmente, un camino obligatorio para contrarrestar el lastre de una figura nada atractiva, excedida en peso, la típica estudiosa nada agraciada, a la que le prestan atención cuando hay que enfrentar un examen exigente y es, como siempre, la que más sabe y fuente de consulta.
El esfuerzo de Patricia fue titánico, siempre a la zaga de la luz que irradiaba su amiga Gabriela.
En el diario quemado en la casa del Tigre había un registro detallado de desplantes, odiosas exposiciones en público, escenas que el fuego no alcanzó a destruir en los rincones de la mente, como aquella reunión en San Isidro, donde Gabriela resaltó en voz alta, una voz sobrevaluada por una copa de mas, que Patricia, con veintidos años, aún era vírgen “porque claro, ella hace el amor con los libros, todo platónico para Patricia, no Pato?”
“La gorda no entra”, “la gorda nos demora a todos”, esas puñaladas que repasaba en silencio, esas heridas que el olvido no alcanzó a cicatrizar, aunque se hicieron costumbre, parte del paisaje, sin que mediaran disculpas posteriores, sin que se sopesara con rigor el fondo de sus intenciones.
Cuando quitaron la sábana de su rostro, se llevó la mano a la boca y volvió a sollozar, sin haber alcanzado a ver que en la parte superior de la cabeza, sobresalía la punta de una parte del cráneo donde algún objeto contundente se asentó con furia. Los hematomas en la frente y las mejillas no impedían el rápido reconocimiento. La estremeció un breve mareo y el brazo del forense la sostuvo hasta la salida de la sala donde volvió a preguntarle cómo se sentía.
Hubo noches en las que se las pasó escribiendo, sobre la Olivetti o sobre el mapa que colgaba en la pared del escritorio para diseñar el hilo argumental de sus novelas, a veces tipeando con un poco más de furia, a veces creyendo que todo forma parte de un pequeño susto con forma de desquite para poder decirle ¿viste, Gaby?, una sola respuesta por todas las que no te di en estos años.
Lloró pocas veces a escondidas por los desplantes o las sensaciones de impotencia, debilidad o torpeza a las que fue expuesta, pero los rencores germinaban en lugares precisos y en situaciones inolvidables, el fin de año en que le había confesado estar enamorada de Esteban, y sorprenderlos algunas horas después del brindis en uno de los cuartos, ella arrodillada, él con el pantalón a la altura de las rodillas.
Cuando el dolor la carcomía recordaba la inspiración de la primer carta, el primer escalón, el primer paso, una noche de invierno, viendo un programa de televisión especial dedicado a gente en prisión y sus historias, aquel criminal violento que la deslumbró cuando justificaba con absoluta naturalidad los trágicos en los que había sido protagonista, cuando repasaba con la complicidad de la cámara, cada una de las treinta y siete cicatrices esparcidas por el cuerpo, el trazado del plano de todas sus batallas, peleas callejeras, pandillero de poca monta capaz de pelear a muerte por un territorio o por un poco de cocaína, la fiereza que demostraba en su relato, lo eximía del conocimiento de la palabra piedad.
Tomó nota del penal donde fue hecha la nota y de acuerdo a los datos de la entrevista, calculó el tiempo en que el recluso saldría en libertad, si en ese lapso no aparecía un nuevo crimen para su prontuario, porque su personalidad y su manera de desenvolverse en prisión, ya le habían abierto nuevas inscripciones a su concurrido club de enemigos.
Esa misma noche, sin tener los datos precisos del destinatario, aprovechó el vuelo inicial de la inspiración y escribió la primera de las treinta y dos cartas, que pasarían a ser, a partir de esa noche, su principal motivación, cada vez que volvía a chequear la casilla que abrió en la oficina de correos.
Angel:
Acabo de verte en televisión y quiero confesarte que quedé impactada con tu personalidad y con tu historia.
Creo que sos una de esas personas que no ha tenido la suerte de encontrar a alguien que lo comprenda, que lo acompañe.
Me gustaría que me des la oportunidad de ser esa persona.
Me resultás muy atractivo. Te lo dice una mujer dispuesta a enviarte una foto mía reciente para ver si te intesa a vos que nos conozcamos.
Me gustó la forma en que hablaste de tu madre y como sorteaste las dificultades del destino.
Voy a esperar ansiosa tu respuesta. Te escribo a máquina porque mi letra es muy mala.
Quiero ser tu amiga.
Beso grande.
La respuesta no se demoró en llegar con la afirmación del interés de recibir una foto, extraída e impresa esa misma tarde, luego de una cuidadosa selección por atributos de sensualidad, de una carpeta de su computadora titulada Gaby.
El riguroso respeto por seguir los pasos de la trama que ella misma trazó, venció el pudor y el tenor de sus cartas fue plagándose de un contenido erótico y explícito cada vez mayor, suelo firme que fue probando con pasos medidos y analizados, al comprobar las reacciones que le llegaban en las respuestas.
“me mojo imaginándote, y loca como estoy por vos, te mando en esta carta unas pocas gotas que coloqué con los dedos cuando me masturbaba. Preparate para tu salida. Vas a querer volver a la cárcel porque no te voy a dejar salir de mi cuarto”.
Una vez a la semana respondía, inventaba detalles de su vida, soportaba la espantosa ortografía del recluso, su pobre vocabulario, su lascivia y se justificaba una y otra vez por no animarse a ir a visitarlo “creo que es mejor que no. No solo me da vergüenza que todos sepan que te visito para que hagamos el amor. Creo que tu vida en la cárcel debe ser parte del pasado”
“Vamos a ser felices cuando salgas. Te voy a estar esperando”
Y sabía que una de las fotos de Gaby que le había enviado estaba en la pared de la celda, la otra debajo de su almohada, que le hacían comentarios de su belleza, que lo envidiaban, que se la quisieron robar, pero la recuperó, que quien la robó debe estar arrepentido en la enfermería, que se masturbaba pensando en ella, que quería que le escribiera todos los días, que le había dicho el abogado que la salida era inminente”
“Te paso la dirección de mi casa donde te espero para darte la primer noche de amor, festejando tu salida. Vení directamente a casa. Yo te voy a estar esperando.
Estoy contando las horas desde que me dijiste. No hagas esperar a tu hembra”
Gaby
El informe policial terminó en las páginas de los diarios, la víctima, Gabriela Pedroni, fue sorprendida en la madrugada, cuando ingresaba al departamento que habitaba, trató de resistirse y forcejeó con el delincuente que pretendía robarle. Los gritos de desesperación alertaron a los vecinos que llamaron inmediatamente a la Seccional 23. A la llegada del patrullero Gabriela Pedroni se encontraba agonizante, falleciendo en el traslado al Hospital Fernández.
En la escena del crimen quedaron muchas huellas que condujeron a su asesino. El interrogatorio puso a la luz las cartas que el preso recibió en prisión.
Allanaron la casa de Patricia unos días después constatando que fueron escritas con la Olivetti que hallaron en una caja, que las fotos que recibió el asesino estaban entre los archivos de su pc, que en uno de los textos eliminados se detallaba el perfil psicològico del reo.
Patricia continuaba prófuga. En su casa del Tigre se encontraron indicios de fuego para la eliminación de pruebas incriminatorias pero los fiscales no encontraron aún una pista que revele el móvil del crimen.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Mágica premonición

Jorge Drexler es un músico uruguayo

Jorge Drexler es un músico uruguayo.
Después de una devastadora separación con un gran amor, se fue unos días a una playa del este uruguayo a pensar y recomponer el alma deshecha.
Allí apareció esta escena que él relata y una emoción. Una emoción que tenía que ver con un mensaje de otros tiempos. Un mensaje del futuro que llegaría.
El futuro, su hijo, toca con él en este tema, en este disco.
Hay que ver, como dicen en los comentarios de la gente que vio el video, lo que transmite esta brillante comunicación entre ellos.
Este disco tiene la particularidad de haber sido grabado en vivo en un lugar chico, a la vieja usanza y que tenga un sonido magnífico.
El disco, por otro lado, es un regalo de mi hija. Extraña paradoja, una especie de eco en otro plano.

domingo, 2 de octubre de 2011

Al maestro, con cariño


Supe de él a través de un compañero de trabajo, Fabián Cereijido, a quien no volví a ver jamás. Le acerqué unos textos míos a su secretaria y el me citó para hacerme una devolución en la Feria del libro.
Llegué tarde a la cita, cuando él ya había dado su conferencia. Lo reconocí porque vi su foto en la portada de una de sus novelas en el stand de Bruguera y me acerqué. Me presenté, le extendí la mano y acompañado por su mujer, Marta Nos, me dijo a quemarropa: “¿Sabés que sos más simpático personalmente que por tus textos?”
Eso que me trajiste es una porquería. Eso no es literatura, la literatura es otra cosa, es escribir con los huevos, con los riñones, con el corazón y con el hígado y vos querés hacerte el inteligente con frases ingeniosas. No te anotes en mi taller porque no quiero gente como vos trabajando conmigo.
Volví a casa con la Excalibur atravesando el pecho. Al día siguiente llamé a la secretaria y le dije que quería anotarme en el taller. Me preguntó si Humberto me había aceptado y le mentí.
Fui el primero en llegar ese lunes y cuando abrió la puerta y me vio se quedó de una pieza. “¿Yo no te dije que no te quería en mi taller?”. “Si, pero yo ya pagué el primer mes anticipado”. “Pasá...” Y todo fue silencio hasta que sonó el timbre con el segundo de los doce apóstoles junto a Cristo.
Esa noche, mi amigo Ariel Armony leyó una obra de teatro nacida de uno de sus maravillosos cuentos escritos el año anterior y compartido con estos compañeros. No entendía nada. Ariel terminó de leer y el me preguntó qué me parecía. Quise disculparme y disparó nuevamente: “Acá se viene a trabajar y a opinar”
Sobre el final de la clase dio una consigna. El cuento a escribir tenía estos tres elementos: una flor, un dado y una tía y los tres debían gravitar sobre la trama y el desenlace.
Trabajé como un perro toda la semana. Leí mi trabajo y hubo un par de correcciones, nada más.
El segundo trabajo fue una de las mejores producciones. Cuando terminé de leer hizo una pausa y dijo: “Eso es un cuento”.
Trabajamos mucho hasta que se enfermó. Entonces lo visitaba en su casa y él para estar lúcido y dispuesto, se preparaba tomando los calmantes. “El dolor animaliza” dijo antes de regalarme un ejemplar de “Cuestiones con la vida” con su dedicatoria: “Para Mariluz y Roberto, quienes hoy 16 de diciembre de 1986, me llenaron de vida. Con la amistad de Humberto Costantini.”
Lo reconozco como mi maestro y suelo extrañarlo todavía. Sus clases fueron magistrales porque iban más allá de la literatura. “Todo lo que no se termina trae dolor de cabeza”.
"Cada libro que se publica es un corte de manga a la muerte"
Lo acompañé a presentaciones, toqué la guitarra en su casa, disfruté de su encabronado humor.
Cuando Clarín le cedió el espacio central del suplemento literario como homenaje a su vuelta del exilio, porque Humberto fue un tipo comprometido con su tiempo y un escritor militante que tuvo que exiliarse en México, lo llama a la casa el editor del suplemento.
-         Señor Costantini, lo llamo del diario Clarín porque tenemos un problema con el último verso se uno de sus poemas...
-         Ajá...
-         El poema termina: la puta madre... Y no sabemos si suprimirlo o cambiarlo.
-         Ajá
-         Si lo cambiamos, qué podemos poner
-         Y, ponele la concha de tu hermana...

Tuve la posibilidad de entrar a trabajar en Satiricón, una revista de humor de aquellos tiempos. Fue claro como siempre. “No bastardees lo que hacés. Manejá un taxi, limpiá vidrios, hacé cualquier cosa, pero no te vendas ni bajes el nivel de tu trabajo entrando a un lugar así. Allí trabaja un excelente alumno mío de México y me da pena tanto talento desperdiciado”.
Hay mucha obra. Del libro que me regaló elijo por distintas razones éste poema.
Al maestro, con cariño.

Inmortalidad
Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.
Los colectivos me respetan,
se inclinan ante mí,
me lamen los zapatos como perros falderos.
Ocurre simplemente que no me muero más.
No hay angina que valga,
no hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,
ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,
ni fiebre de Junín, ni vigilantes.
Estoy del otro lado.
Simplemente, estoy del otro lado,
de este lado,
Totalmente inmortal.
Ando entre olimpos, dioses, ambrosías,
me río, o estornudo, o digo un chiste
y el tiempo crece, crece como una espuma loca.
Qué bárbaro este asunto
de ser así, inmortal,
Festejar nacimiento cada cinco minutos,
ser un millón de pájaros,
Una atroz levadura.
Qué escándalo caramba
este enjambre de vida,
esta plaga llamada con mi nombre,
desmedida, creciente,
totalmente inmortal.
Yo tuve, es claro, gripes, miedos,
presupuestos,
jefes idiotas, pesadez de estómago,
nostalgias, soledades,
mala suerte...
Pero eso fue hace un siglo,
veinte siglos,
cuando yo era mortal.
Cuando era
tan mortal,
tan boludo y mortal,
que ni siquiera te quería,
Date cuenta
Podés entrar al enlace que hay en su nombre o en Cuestiones... y enterarte un poco más de este Inmortal.

sábado, 1 de octubre de 2011

Viajes

Me convertí en astronauta
observando las mil caras de la luna,
y fui Almirante
Interpretando bitácoras de corsario.
Me inicié como hechicero
conjurando maleficios y tragedias.
Me coroné rey
Impartiendo el bienestar en mi comarca.
Fui héroe de guerra y también sabio
y como bandolero dividí mi botín entre los pobres.
Lo tuve todo y casi nada
a la hora de la siesta,
con un libro en las manos
y recostado en una rama de la higuera.