Colocó la hostia en la boca con la misma gravedad con la que otorgó el perdón. Pensó en los torturados que escucharon sus nombres de esos mismos labios.
Colocó la hostia en la boca con la misma gravedad con la que otorgó el perdón. Pensó en los torturados que escucharon sus nombres de esos mismos labios.
Después de veinte años, cuando se abrió el portón de la calle, giró la cabeza para mirar por última vez la ventana de su celda.
Lo sorprendieron abriendo las cartas que tenía que entregar. Argumentó en su defensa que se había jurado a sí mismo llevar solo buenas noticias.
La cuadra quedó
como la sonrisa de un niño al que se le ha caído un diente. Pronto le
implantarán un edificio de los modernos, la calle perderá otros metros de luz
solar y se parecerá más a un pasillo.
Cuando llegué al
barrio estaba rodeado de PHs y casas bajas.
Ésta que tiraron
abajo perteneció a Arturo Bonin y los que tuvieron la suerte de ingresar en
ella cuentan que era hermosa.
Ese asunto del progreso incluye apilarnos, juntarnos a todos en una ciudadela medioeval, como en los tiempos del Rey Arturo, lo que parece una contradicción.