
Fue aquí, Pocho, si, aquí mismo. Como si
estuviera dibujado con tiza por la policía. Como me voy a olvidar. Estaba a
punto de terminar el recreo largo. Si no te acordás es porque faltaste ese
día.Me la pegó acá, justo en este lugar. Una piña traicionera, inesperada, de
cagón. Pasaron muchos años pero me quedó para siempre. Estábamos forcejeando
con alguno de esos juegos boludos de los varones y alguien, no sé quién, creo
que le tocó el culo. Y se dio vuelta y sin decir nada, creyendo que había sido
yo, sin que yo atinara a nada, me la puso en la cara. Sonó el timbre justo y
tuvimos que quedarnos quietos. ¿Te acordás? Primer timbre quietos, segundo
timbre, salían del patio las chicas y en
el tercero salíamos los varones. Yo sangraba por la nariz. En ésa época yo
sangraba por la nariz sin que recibiera ningún golpe, pero la piña me entró de
lleno. Bajé la cabeza y doblé la cintura mirando el piso para que la sangre no
me manchara el delantal. El ruso dijo algo en voz baja, aunque no se podía
hablar, algo para calentar la pelea a la salida de la escuela, cuando se armaba
la ronda y todos te empujaban para que vayas al frente. Esas cosas que se dicen
para calentar a los que iban a pelear. Yo estaba furioso pero las risitas
contenidas me calentaron más. Sentía que la cara me ardía más de la bronca que
del golpe. Cuando salimos del patio me vio la maestra del otro sexto. Me
preguntó qué me había pasado. Le dije me caí. Me puso una mano en el hombro y
me llevó a la sala donde tenían el botiquín. Me atornilló en la nariz dos
algodones con agua oxigenada y me mandó de nuevo a clase. Entré con los dos
tapones en la jeta y los del fondo se reían y él, Pezzoni, creo que sonrió. Me
senté como si nada. Me acuerdo que López, que se sentaba atrás mío, me puso una
mano en la espalda y me dijo que lo cagara a trompadas a la salida. A la salida
no pasó nada.
Si, pasó mucho tiempo, Pocho, pero esas cosas nunca se olvidan.
Cuando recibí la invitación de la escuela por los ciento cincuenta años lo
primero que me vino como un flah fue esa escena en el patio. Porque podría
haberme acordado de tantas cosas buenas, pero justo me tuve que acordar de eso
y si lo vería a Pezzoni en los festejos. Y ahí lo tenés, allá, cerca del
mástil, sacándose fotos, supongo que con los hijos, no? El no fue al viaje de
egresados. Sus viejos no podían pagarlo. Me acuerdo que lo dijo con vergüenza
pero yo ya lo tenía atragantado por esa piña traicionera. No me acuerdo si era
buen tipo, Pocho, qué se yo. Me acuerdo de algunas chicas que me volvían loco y
de la maestra de cuarto que tenía unas piernas hermosas. Pero si este pelotudo
era buen tipo o no no me acuerdo porque yo no lo trataba. Cuando hacíamos
trabajos en equipo nunca me tocó con él, así que tampoco sabía dónde vivía ni
como era su familia.
Eso pasó en sexto. Estuve un año y medio planificando la venganza y
tuve tres oportunidades que no aproveché. Las tres en excursiones. Cuando
fuimos al museo de ciencias naturales pensé en ponerle el pie cuando bajábamos
las escaleras. Hubiera sido tremendo. Un golpe perfecto, además no iba a saber
que fui yo. Cuando fuimos a la fábrica de leche estuve a punto de empujarlo por
una barandilla que daba a los piletones. Era medio negrito Pezzoni. Hubiese
quedado blanco. Ya sé, boludo, ya sé que no es lo mismo pero se me pasó la
calentura y la sed de venganza no. La tercera fue cuando nos llevaron al cine.
Yo me llevé un compás en el bolsillo del delantal y tenía pensado clavárselo en
la cabeza cuando se apagaran las luces. La maestra nos cambió de lugares y
quedé muy lejos de donde se había sentado Pezzoni.
La verdad que no sé cómo saludarlo. ¿Qué le voy a decir? ¿Qué es de
tu vida? Si nunca me importó un carajo. Tampoco me da para caretearla tanto.
Está mirando para acá y le comenta algo a los que están cerca. ¿Son ex compañeros?
Seguro que les está contando su versión de la piña que me dió el hijo de puta.
Mirá, se ríe. Mirá si se va a disculpar después de cuarenta años, Pocho. Seguro
que se está cagando de risa. Si se acerca se lo digo. No, cómo voy a armar
quilombo acá. Es un recuerdo nada más. Sin rencores, eso. Estamos para festejar
el cumpleaños de la escuela pero yo no me olvidé, que quede claro
Che, me parece o está hecho mierda? Parece que no le está yendo nada
bien, no? Perdió el pelo, está lleno de arrugas. Parece que la vida le dio para
que tenga. Y bueno, se hizo justicia al fin y al cabo. La vida le fue cobrando
esa piña traicionera que me dio.