Para los actos de contrafestejo del Encubrimiento de América en 1992 Alicia Guzmán, Carlos Guarnerio y yo escribimos una obra de teatro en clave humorística: “La vida por Colón”. La pieza fue escrita por encargo y el elenco que nos la encargó se disolvió antes de estrenarla. Unos años después se estrenó gracias a Pipo Fernández Mac en Rosario. Carlos Guarnerio y yo leímos fragmentos en un acto organizado por la Universidad de Morón. En la platea estaban las Madres de Plaza de Mayo.
El público se rió y aplaudió mucho. Cuando bajamos del escenario se acercó para hablar con nosotros Nora Cortiñas. Y nos dijo: “Me reí mucho y se los agradezco. Tengo que hacerles un comentario. Cuando leyeron la escena de Tupac Amaru pensé si en unos años podían reírse de nuestros hijos en las sesiones de tortura”. Claro, conciso, al pie. Humor no es siempre tragedia más distancia.
La escena fue inmediatamente cercenada. Nora volvía a darnos una lección.
Las Madres son una entidad reconocida a nivel mundial. Son un ejemplo de lucha. Hay algo que me parece importante destacar. Siempre pidieron Verdad y justicia, nunca que corriese sangre para redimir tanta infamia. Yo no puedo ni siquiera medir a esa escala porque yo sí consideraba que desde los genocidas del Golpe hasta los responsables de Malvinas deberían haber sido fusilados en Plaza de mayo.
La presencia de las Madres en cada acto siempre me conmovió pero la de Nora especialmente. Con su contextura menuda y su voz dulce es una de las mujeres que les hizo frente a las fuerzas de inseguridad. Veo su foto y me sigue emocionando como en aquella breve charla.
Nora merece ser tratada con el respeto que se le concede a una Madre con todas las letras.
Gracias por todo, querida Nora.