Entonces en este
instante,
en el que éxtasis
y exilio se confunden,
los límites
resultan imprecisos,
el dique que
contiene a las palabras se hace añicos
y la vida es una
dulce borrachera
En este instante
fugaz
que deseamos
eterno,
en el que
convergen los sudores,
el deseo, la
pasión y los latidos,
la oscuridad más
profunda y la luz enceguecedora,
el vértigo
indomable,
el frío de los
polos y el calor del trópico.
En ese instante,
digo
en que siglos de
literatura,
culturas
milenarias y lenguas muertas
intentaron
describir con sus torpes vocablos,
con sus
imperfectos adjetivos,
quisimos reducir,
sintetizar, simples mortales
en aras de
resumir la infatigable biblioteca,
una sola palabra
equivalente,
diminuta, frágil,
precisa.
En ese instante
supremo,
en ese que
inspiramos y nos inspira,
en el que
perseguimos sin cansancio,
creímos que
podíamos abreviarlo como en una nota musical
y lo llamamos coito