Hace años, en
algunos pueblos del Interior, recibían la visita de vendedores que en sus
carros cargaban enseres para la casa, elementos para la limpieza, ungüentos
para los dolores y tónicos milagrosos, que según su propia descripción, hacían
crecer el pelo y los dientes, terminaba con enfermedades crónicas, devolvía la
virilidad a los más viejos y a las mujeres las volvía fértiles.
Los llamaban
mercachifles y todos le creían.
Hoy aparecen de tanto en tanto ofreciendo las mismas milagrosas oportunidades pero los nombran presidentes.
