domingo, 9 de mayo de 2010

Un actor de mil oficios


Cuando en los pasillos del conservatorio de arte dramático, en los camarines de un teatro o en los sets de filmación se nombra a José Antonio Pietrocarbone, un silencio sólido, espeso, enmarca la jerarquía de su figura, la excelsa calidad del quizás más prestigioso y desconocido de nuestros actores.
Miles de anécdotas lo pintan de cuerpo entero porque en un currículum de 89 obras de teatro y 135 películas, la gente que lo vio trabajar y relacionarse ha aportado datos que confirman su grandeza.
Nació en 1938 en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Hijo de inmigrantes italianos, asombró desde pequeño con su particular inteligencia y determinación.
A los siete años se escapó de su casa para unirse a un circo conde cumplió roles muy diversos: acomodador, payaso, equilibrista, foca. Sus caracterizaciones ya marcaban su destino. Huyendo y escondiéndose de sus padres fue cambiando los datos en sus documentos y papeles personales. En su museo se conserva una foto a los once años donde el pelo entrecano y los bigotes lo hacen aparentar una persona de avanzada edad.
En 1955 debuta en el cine dirigido por Oscar Carchano en la película Sinfonía de juventud, donde interpreta magistralmente a un changarín de la estación Retiro. Aunque la escena dura 7 segundos se percibe en el cuidado de sus gestos su valor profesional. Años mas tarde confesaría: ¨Estuve trabajando como maletero 6 meses en Retiro para esa escena.
Los críticos, siempre escépticos preguntaron si para 7 segundos que bien podrían haber sido suprimidos por el director en la edición trabajó 6 meses, no es una exageración?
¨Siete segundos es la vida de un actor¨ respondió antes de girar sobre sus tacos y emprender la retirada de la entrevista.
Su trabajo empieza a ser notable y tiene de parte de Leopoldo Torre Nilsson la primer advertencia sobre la inconveniencia de su apellido.
- Es muy largo… Acortalo a Pietro que está bien.
- Gracias Leo, pero no. Llevo una vida construyendo este personaje. Soy Pietrocarbone (declamaba) y como Pietrocarbone moriré.
Algunos directores afirmaban: no resulta tan difícil encontrar un papel a su medida como un título que deje en segundo plano su apellido. Hay obras donde no entra en el cartel.
¨Mi carrera fue meteórica, como el Halley. Un éxito cada 107 años¨
¨El actor se debe a su público antes que al almacenero que le fía¨
Para el papel de Domingo Faustino Sarmiento en ¨Feliz Domingo¨ estuvo dando clases durante meses en un colegio nocturno donde lo asaltaron tres veces y lo golpearon cuarenta y dos. Los ladrones no fueron apresados, los que lo golpearon fueron identificados como los dieciséis integrantes de su clase compuesta por 17.
Para componer la escena de la muerte de Sarmiento se pasó cuatro meses recorriendo hospitales viendo gente moribunda. Como cierra los ojos, como balbucea, como suspira. Es el primer actor argentino que utilizó el recurso de morir con los ojos abiertos, tema que la crítica de la época tomó con verdadero interés.
- Esa última mirada de Sarmiento, evoca algo?
- Evoca el paso de los años frente al pizarrón negro y ese fulgor de luz clara que anticipa un pasillo a otro mundo.
Famosa fue aquella anécdota de la cancelación del estreno de ¨El jardín de los cerezos¨ porque una ingesta de cerezas le provocaron una descompostura tremenda.
¨No sobreviviría a la televisión de hoy donde todo se hace tan rápido. Cuando me ofrecieron ¨El Rafa¨ y dije que antes tenía que vender diarios durante dos meses y vi sus caras, me di cuenta que este medio hace todo con la cultura de las comidas rápidas y así les va.
Su tercer esposa, la actriz Azucena Dalton, detalla pormenores escabrosos de sus últimos años de convicencia en su libro “Eras Pietrocarbone a secas”. “No existía profesión que él no pudiese interpretar hasta que lo internamos. Se rompió un caño en casa y dijo: plomero es un fácil papel pese a mis ruegos. Dejó al barrio sin luz durante una semana.”
“Me separé de él cuando vi que la locura ya lo había desbordado. Me enteré que quiso ser salvavidas en San Bernardo y todo el desastre que ocasionó y me parecieron patéticas las fotos de sus ademanes cuando lo sacaron los bañeros y la gente aplaudía. Al principio era gracioso verlo ponerse el delantal para ayudar a los chicos en sus tareas escolares, pero luego se transformó en una pesadilla cuando hizo colgar esa enorme campana con la que llamaba a recreo en el medio del living.”
Los premios Pietrocarbone a la actuación, hoy revalidan la jerarquía de un actor multifacético, prolífico, inolvidable. Proximamente en librerías: “Los mil oficios de Pietrocarbone”
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