lunes, 2 de junio de 2014

Abdico


Abdico. No aguanto más. Ya me han llenado los cojones.

8 millones de Euros cobraba hasta el 2013 y con la puta crisis española, que no se que bruto ha armado, aquí estoy en la miseria. Ahora gano solo U$S400.000 al año. Y sin jubilación. Joder, con estos tíos, que no me dejan vivir en paz. Que no puedo ni salir un rato con la escopeta a cazar un elefante que ahí está la prensa. Mejor se la pasa el Rey de la Fugazzeta al que no irán a joderle si no paga los ingresos brutos. A lo mejor recibe una que otra hostia si se le quema alguna, pero a mí, lo que se dice a mí no me perdonan nada.

Que se levante Felipe los lunes temprano después de viajar el domingo a Portugal a ver la final del Atletic contra el Real. Menos mal que no me hicieron viajar inútilmente y el Real se quedó con la copa. Porque lo último que le faltaba a la realeza era perder también al fútbol contra un colchonero, joder.

¿Quieren saber lo que es ser rey? Pues, ahí tienen. Tuve que esperar a que ese bruto de Franco muriera para ser proclamado, de acuerdo a la Constitución española, que para algo se escribió, como único heredero de los Borbones. Rey se nace. Y yo nací en el exilio, cuando aquí mandaba por la fuerza Franco, al que francamente mi padre no soportó jamás. Y que me digan a mi lo que es venir a estudiar y no saber si uno sale vivo.

Estuve en la Academia militar de Zaragoza, donde me dieron una instrucción militar incompleta. Tan incompleta que una tarde se me escapó un tiro del revólver que manipulaba y maté a mi hermano Alfonso. Pidieron investigar el hecho, pero cerraron el caso poniendo que había sido de bruto, nomás.

Me casé con Sofía porque era princesa en Grecia. Muy agraciada no era pero vestía unas capas muy bonitas y nada mejor que el viento para que en los paseos en los jardines reales le taparan un poco el rostro. A propósito. Una de sus capas se quedó en Argentina en un paseo. Bebió tres copas y perdió la capa. ¿Desde cuándo hay guardarropa en la casa de gobierno, Sofía, le dije esa noche, cuando me entregó un ticket de color rosado. Si alguien tiene la bondad de enviarla, yo pago la encomienda.

Soy el Rey Juan Carlos, joder. No una sota de bastos ni un cuatro de copas. Algo más de respeto, que no puedo encontrarme con una Duquesa a tomar el té en la madrugada porque me cuesta conciliar el sueño que ya anda la prensa inventando romances. Los reyes no nos enamoramos, eso es cosa de los cuentos. Los reyes vivimos para hacer felices a nuestros pueblos, sonriendo en las fotos, mirándolos a los ojos desde los portarretratos que colocan en sus casas. Nada como el pueblo. Por ellos vivo.

Abdico.

Estoy redactando mi currículum por si algún país anda buscando rey con experiencia. Desde el 75 que subo y bajo las escaleras del palacio, firmo papeles, salgo en estampillas, muestro el escudo. No creo que haya alguien idóneo como yo.

Los viáticos lo dejo incompleto porque es un tema a conversar.

Me despido de mi pueblo. Me verán quizás en alguna que otra corrida de toros. Hasta que algún gilipollas las prohíba, como prohibieron la caza de los elefantes.
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