Vagó solitario
por la tierra helada,
con la fiebre de
los navegantes sin rumbo,
escapando a la
suerte de los presidiarios,
después de
aprovechar la distracción de los guardias.
Caminó por un
lugar donde todo era blanco
como la nieve,
como la inocencia
perdida.
Lo encontraron
congelado,
parecía dormido,
recién salido de
la celda para formar.
Dejó para la
posteridad su nombre
con el que bautizaron al río donde lo hallaron.