lunes, 20 de octubre de 2008

El Hombre de la Bolsa



Escuchè hablar del Hombre de la Bolsa cuando era chico y no le temì hasta la edad que tengo hoy.
En aquellos años me decìan que el Hombre de la Bolsa se llevaba a los chicos que no querìan tomar la sopa. Hoy el hombre de la bolsa se està llevando a gente grande en todo el planeta con sus casas, con sus bienes, con sus sueños.

Tengo ya 47 años y he visto varias caìdas. Vi la caìda del Muro de Berlìn, la caìda de las Repùblicas Socialistas Sovièticas, la caìda del Comunismo. Todas estas caìdas fueron festejadas en muchos lugares del planeta como se festejan las buenas noticias, los fines de año, los cumpleaños.

He visto el fin de todos los tiempos y el fin de las utopìas. Y esas dos noticias me dieron un pànico mucho mayor que la certeza de la existencia del Hombre de la Bolsa.

La caìda de los mercados es algo tan grave en las voces de los noticieros como la posibilidad de que un meteorito se estrelle contra la Tierra como hace millones de años y envuelva en una nube de polvo los muros, las repùblicas, las ideas, los inventos, los hombres de la bolsa, los cumpleaños, las armas de destrucciòn masiva, los monopolios, las bolitas.

La Bolsa abriò en baja. Uy, Dios. Aumentò el riesgo paìs. Por todos los santos!!! El dòlar se dispara pero son otros los que se suicidan con sus balas. Me dan la sensaciòn de que millones de nosotros estamos sentados a la salida del Casino de Mar del Plata y sale alguien con un megàfono y nos dice: Lo siento, perdieron todo lo que tenìan. Pueden arrojarse al mar que les queda cerca.

Nadie de nosotros puede decir: yo no estaba allì y apostaron con mi plata. Es que me han robado!!!
Nadie de nosotros puede decir que no sabìa de la existencia de los cucos, los ogros, de los monstruos, de lo que les pasa a los que no se portan bien ni toman la sopa y protestan y se manifiestan y luchan y se rebelan. A todos, desde siempre se los lleva el Hombre de la Bolsa, aunque no me crean. Les juro que es asì. Siempre es el hombre de la bolsa, desde tiempo inmemorial, desde que èramos chicos y no hay piedra libre que valga ni puntito rojo casita de Dios.

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