domingo, 2 de enero de 2011

Síntomas

El hígado me late
después de una noche de amigos y vino
porque tiene la propiedad de hacerle eco al corazón un día después.
La cintura se curva
cuando juego al fútbol
y se aliviana el peso corporal por efectos de la camaradería.
La vista se vuelve borrosa
cuando la nube de una tristeza
presagia una lluvia compartida.
Me duelen las rodillas
en aquellas escaleras que conducen
a la cama de alguien querido que está enfermo.
El oído se agudiza
si las palabras que escucho me sorprende,
aceleran mi pulso,
forjan el arqueo de mis labios,
sintonizan mi frecuencia.
El pecho anida un hueco
cuando las distancias se prolongan,
el tiempo pierde el paso y el compás de siempre
y los días se convierten en rutina.
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