miércoles, 21 de agosto de 2013

En estos tiempos

Claro que no he pensado siempre igual. He cambiado, como casi todo mi cuerpo, que tiene más canas y menos cabellos, más arrugas y menos muelas.
Pero en escencia sigo siendo el mismo, como esta palabra que también cambió según la Real Academia Española y hoy se escribe sin la c pero su significado es inalterable.
Y en mi persona se concentran todos los hombres que fui y que soy.
No hay una versión del vecino simpático, amable, solidario y otra cuando cierro la puerta de casa y pienso lo que pienso. No soy uno cuando promueve que sus dirigidos piensen, que ejerciten la imaginación, que ensanchen el conocimiento y otro cuando señala lo que significa entender la historia de una nación en una línea de tiempo y no en una década.
He soportado las estafas en varios actos eleccionarios, en cada entrevista por un empleo, en cada apelación de una banda de asesinos a la solidaridad y coraje del pueblo argentino.
He respirado en el mismo ambiente compartido por obligación con gente con alma de traidor. He visto el vaso medio vacío y medio lleno.
Y la interpretación de la historia argentina también se fue modificando a medida que leía otros libros que no había escrito Mitre, que las cosas trascendentes me las habían minimizado y que las luces falsas de la gran nación me las magnificaron en la escuela, desde chiquito, cuando apenas llegaba al pizarrón para escribir mi mamá me mima. Entonces conversé con amigos, a los cuales leía como a los libros, discutí, me volví permeable a la posibilidad de haber leído mucho material inútilmente. Inútilmente para mí, pero útil y funcional para la maquinaria de la que era parte como engranaje.
Entendí que hay gente activamente útil para que las cosas mantengan el status de siempre y otras pasivas, que repiten lo que le comunican los medios, los libros, la tele, el cine, la propaganda, la iglesia. Entre los activos detecté a los militares con sus armas, con su violencia, con su muerte. A los políticos con sus mentiras, con sus genuflexiones a los mandamaces ocultos. Porque también percibí que los verdaderos guionistas de la trama de la historia no ocupan el escenario, operan desde bambalinas. Y que cuando alguien los señala con una luz apenas tenue, cuando alguien los descubre, se protegen, se escudan, en otro tipo de activos no tan violentos como los militares pero igualmente poderosos y eficaces.
Me he peleado. En esta nombrada grieta, en esta mentada división, he decidido donde colocarme, para no caer en aquello de "pasivo", que según lo que aprendí en contabilidad de primer año, es también el Haber, lo que se le debe a los otros.
Pero pararme en este lugar, asumir una posición, no me desmerece, simplemente apuntala la coherencia, sintoniza lo que pienso y lo que creo con lo que demuestro en cada acto como persona, como compañero de trabajo, como padre, como pareja, como amigo.
Muchas veces escucho el comentario: "Me extraña que un tipo como vos, que considero inteligente, piense como piensa". Y si. Es que no me conocen bien. Leerme en el Facebook, en el blog, saber de memoria mi perfil, mi Cv, no los hace expertos en mi verdadera radiografía. Un ex jefe me dijo: "Ahora que vi lo que hacés (por unos videos en Youtube), al fin conozco tu esencia".
Yo creo que para conocer a alguien se necesita, como los pilotos, horas de vuelo. Y son muchos los que se suben al avión con vos los días de sol y muy pocos los que atreven en las tormentas.
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