miércoles, 26 de septiembre de 2012

Dicen que reza

Dicen que reza,
sin pedir absolución,
sin remordimiento.
Al fin y al cabo poco queda
y otras horas de tiniebla,
espesa e implacable
lo sepulta lentamente en el olvido.
No oye cantos celestiales,
ni voces que lo nombren,
al fin y al cabo poco queda
de aquella figura erguida, marcial,
símbolo del terror y del espanto.
Intenta, sin consuelo,
imaginar su pubertad,
regresión innecesaria para quien
no hubo niñez ni inocencia,
ni juegos infantiles,
ni canciones de cuna.
Las luces se apagan como los toques de queda,
y queda aun más solo que frente al espejo,
donde hace tiempo no descubre arrugas nuevas,
ni el paso del tiempo,
ni el camino a la mortaja.
Se arropa.
Al fin y al cabo ha perdido la noción
del tiempo que lleva encerrado en este abismo,
en este túnel oscuro,
en esta mazmorra,
en este vacío
al que los hombres llaman alma.
Tendrá un nombre su tumba
y páginas enteras dirán lo que ha hecho,
al fin y al cabo no todo es perdonable.
Ha hecho lo posible y lo imposible,
para dejar su huella,
para marcar a sangre y fuego su rosario.
Un solo miedo de tantos lo estremece.
Que el paso de los siglos
lo conviertan en un desaparecido.
Válgame Dios

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