sábado, 22 de septiembre de 2012

Las redes y los peces

Cuando se constató la influencia de las redes sociales en el triunfo de Obama en Estados Unidos, y sin entrar en el detalle de que éste no cumpliera con ninguna de sus promesas de desarme, retiro de tropas y cierre de Guantánamo, y que un tiempo más tarde, estas redes volvieron a aparecer en escena como la chispa que encendió las revueltas en Medio Oriente, supe que la tecnología comenzaría a ser aprovechada de una manera cada vez más eficaz con fines políticos y económicos para encausar "la voluntad popular".
Como sucedió hace unas semanas con la convocatoria a un cacerolazo en distintos puntos de la Argentina, disparado y propiciado por 4 millones de correos a los que se le pedía un reenvío a no menos de diez personas "para despertar a la Patria de esta diktadura" (la K en la palabra dictadura obedece a una clara asociación con el apellido Kirchner que lleva nuestra presidente), aparecen por estos días otros correos con similares características, incluso hay uno en el que una supuesta especialista en el tema, analiza el perfil fundamentalista que tiene este gobierno y el peligro  que ello conlleva en nuestro futuro.
Desde todas las épocas las redes han sido una herramienta de trabajo de los pescadores para tomar del mar o del río a los desprevenidos peces.
Los correos no llevan firma ni entidad responsable que se haga cargo de la convocatoria, están escritos en primera persona, cuidando que el lenguaje sea bien popular y de rápida llegada, enumerando como propios los males que aquejan a la nación.
Recibí un par de estos correos de gente que pertenece a mis contactos y me tomé el trabajo de leerlos y responder resaltando en ellos una solapada sintaxis fascista en el contenido. Para mi sorpresa, en los dos casos, me respondieron que no habían leído el texto en su totalidad pero acordaban con alguna consigna de inseguridad y falta de libertad para hacerse de dólares o viajar y con el expreso pedido de reenvío "por el bien de la Patria".
Las marchas de protesta no son de propiedad exclusiva de las organizaciones de derechos humanos ni de los partidos de izquierda. Forma parte de la democracia manifestarse en desacuerdo con las medidas que pueda tomar un gobierno, pero, ojo con las redes.
Porque puede que envuelto en una de ellas, te encuentres manifestando vos, un ser respetuoso y democrático, debajo de un cartel que llama de puta o yegua a la presidente,  para después hablar de divisiones, de confrontaciones propiciadas desde el gobierno, un mensaje que no ha cambiado desde otros tiempos con otra mujer del mismo partido en el poder, o que te encuentres incluso debajo de una bandera con svásticas, que supongo no deben representarte. Ojo con las redes convocantes.
Supongo que quienes ven amenazados sus intereses operan con métodos similares y tratan de enrarecer el clima por aquello de "a río revuelto, ganancia de pescador"
A una semana de aparecer en la tapa de la revista Noticias la imagen de Cristina Fernández alcanzando un orgasmo estimulado por el gratificante uso del Poder, una revista brasilera "Veja" de características editoriales parecidas a la nacional, pidió una investigación a Lula por actos de corrupción ocurridos en el 2005. Estos muchachos no descansan en su afán de enaltecer la grandeza de la Patria a la que solo ellos pertenecen.
El repiqueteo de un mensaje constante, se vuelve popular casi indefectiblemente. Entonces aparecen muchos criticando los planes sociales como la asignación universal por hijo, que según ellos, fomenta la procreación a mansalva para obtener dicho beneficio como ingreso y no trabajar nunca más.
Especialistas en el arte de dividir, porque no consideran otras operaciones básicas como la de sumar, estos señores aggiornan sus métodos y afilan sus nuevas herramientas: el ciberespacio, las redes sociales, la propagación de mensajes de vidrioso contenido que no llevan firma.
Trabajan a destajo y no cobran horas extras. Realizan entre otras cosas, la sencilla tarea de desplegar las redes para que cientos de desprevenidos peces caigan en ellas.
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