sábado, 11 de mayo de 2013

Comunicación ultrarrápida


Muchas personas viajando en los medios de transportes públicos con los ojos fijos en sus celulares, respondiendo mensajes de textos y posts del Facebook. Todo el mundo On-line conectado entre sí y desconectado del Mundo. El paisaje que se transita no existe. Mucha gente caminando y leyendo mientras camina lo que aparece en la pantalla de su Ipod. Y por supuesto que si hay que responder, hay que hacerlo en forma breve porque es incómodo caminar y escribir a la vez.

Participé de una charla sobre redes sociales en la web y el disertante aconsejaba subir a los perfiles personales videos para que la gente los vea y se interese. La gente no lee. La gente quiere imágenes. A eso la llevaron mansamente, a evitar detenerse en una descripción, a abrir un correo y cerrarlo cuando ve que tiene más de diez renglones. Queremos todo en un click y pocas palabras: Me gusta,  “me lo llevo a mi muro”, Compartir.

Me asombra descubrir a diario el absoluto desconocimiento de celebridades de la cultura, el deporte, las ciencias. Si no pasó hace poco, si no salió en las redes, si no estuvo en televisión no existe.

Ahora mismo este texto tiene el doble de extensión de lo que el común acepta.

Se muere el correo electrónico. Ya se usa muy poco. La gente se comunica en tres palabras a través de las redes. La gente no cuenta sus vacaciones, cuelga las fotos y espera los comentarios, los “Me gusta”. Describen con mayor lujo esas escenas los espectadores que los verdaderos protagonistas.

Estamos fritos.

Con la reducción de palabras en la comunicación comienza una nueva decadencia. Te quiero mucho es T K M. No es necesario poner todo completo. No es necesario desarrollar las descripciones de un sentimiento noble, profundo, humano.

Me declaro en rebeldía. No adhiero a esta moda perjudicial para el discernimiento, el criterio y el potencial manejo de la imaginación. Sigo leyendo a Saramago y sus largas descripciones sobre el comportamiento humano de todos los tiempos y su cultura. Sigo comprando libros.

Los mejores poemas, las más bonitas canciones tienen más de diez renglones. 
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