lunes, 13 de octubre de 2014

Las Musas


Los artistas tenemos nuestros momentos de creación de acuerdo al buen humor de las musas, nuestras fuentes de inspiración. Ellas nos visitan en el momento más inesperado y se apoderan de nuestra Alma. Por ejemplo la mía suele venir a visitarme a las tres de la mañana, un horario complicado porque yo nunca estoy en casa y si estoy, me encuentro durmiendo o acompañado, lo que me obliga a despedirla descortésmente. Hubo una que dejaba notas en la puerta de casa: ¿Dónde te metiste sabandija?
A veces tocaba el timbre a cualquier hora y yo las atendía  por el portero eléctrico que sonaba de manera insistente, sin darme tiempo a descolgar.

-         Estoy con alguien, no puedo ahora (Luego mirando a mi compañía) –Los testigos de Jehová. Porque a uno no le conviene decir que a esa hora lo visita una musa. –Pasá mañana y leemos la Biblia juntos.

Una sola vez dije la verdad:
-         Es la musa.
-         Ay, bombón, no te enojes pero prefiero empanadas. Me hubieras avisado que te dio hambre y te preparaba algo.

A partir de ahí me dije: ¡Qué poco me valoro saliendo con una mina que confunde mi inspiración con una grande de anchoas!

Durante un tiempo me siguió una musa maníaca obsesiva.
-         Mi tema es la muerte –me dijo.
-         Disculpame no me interesa.
-         Cuando llegue la ambulancia hablamos...

Empezó a llamarme a cualquier hora.
-         Pensalo. Tengo chistes sobre seguros, funerales, suicidios, llegadas al Cielo... Llega un tipo al Cielo y San Pedro le dice...

Iba de compras al supermercado, levantaba una lata y ahí estaba:
-         Un tipo compra una lata de conservas en mal estado, llega al Cielo con diarrea y lo atiende un secretario de San Pedro.
Tiraba la lata y huía. Daba vueltas entre las góndolas para perderla y aparecía de nuevo cuando levantaba una botella de vino:
-         Dos borrachos chocan en una ruta...

Muchas veces discutí con ella en el colectivo yendo al trabajo.
-         Hablo con vos y me deprimo.
-         Porque no me dejás terminar la idea.
Hubo una distinta a todas. Era simpática y tenía chispa.
-         Imaginate –me decía.
-         Imaginate un auditorio en silencio.

Lamenté mucho la pérdida de una que encontré una vez en la calle. Estaba en una esquina:
-         Musa para escritores y guionistas, musa para escritores y guionistas...
-         ¿Qué tan buena?
-         Lo que permita la voluntad y la inexorable inclemencia del tiempo.
-         A la mierda...
-         Iremos aunque no juntos indefectiblemente.
-         ¿Tiene experiencia?
-         Fui la musa de Borges...

No le creí hasta que se presentó El Hombre de la Esquina Rosada y si no lo para ella, me cala el estómago como a una sandía.
Me la traje a casa y escribí toda la noche de un tirón pero cuando se fue no se me ocurrió acompañarla y como era ciega nunca supo como volver. Volví a la esquina donde la había encontrado pero solo hallé un par de imágenes para versos que no me servían, a Emma Sunz que seguía con el cuento de la falsa violación y al perro de Carriego.

Me encontré con la musa de los guionistas de TV, sin laburo diciendo: Solidaria, solidaria.


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