lunes, 9 de diciembre de 2013

El gordo de rojo

Me lo encontré a la salida del shopping, como todos los años. No le dije nada porque lo vi rodeado de chicos y no hay que joder a la gente cuando labura, pero hice un esfuerzo grande para reprimir las ganas de insultarlo. No hay derecho. Si este gordo me pagara con intereses las cosas que le pedí y no me entregó nunca, me compro un departamento. Porque jamàs me dio el tren eléctrico, nunca vi la bicicleta Fiorenza con asiento banana, mientras que mis vecinos si recibían, incluso más de lo que pedían. Y el gordo este infame, metía la mano en la bolsa y sacaba la primer pedorrada que encontraba a mano para dejármela en el arbolito sin tomarse el trabajo de leer la carta que le escribí una semana antes.
Además nunca te dice que su trabajo tiene vencimiento. Y el vencimiento es cuando el niño pierde la inocencia. Carajo, que ya tiene bastante el pobre niño para que vos también lo abandones, gordo turro. Tus buenos curros tendrás haciendo que tomás una Coca Cola cuando vivís en el Polo Norte y la nariz redonda y roja te delata que no le das a algo con menos graduación que el ron, pero con tu vida hacé lo que quieras, ahora no me vengas con que hay que portarse bien y estudiar, un regalo totalmente condicional y mentiroso. Eso es chantaje. Yo jamás maté un pájaro con una gomera y vos le dejaste a Gustavito un Scalectric y a mí un camioncito de bombero a pilas.
Pedile algo ahora a ese gordo maraca, a ver si te lo trae. No, que va a traer. Se lo trae a tus sobrinitos, se lo trae a los vecinos que son niños, pero pedile cualquier boludez, hacé la prueba. Pedile una caja de fósforos a ver si te la trae.
¿Tus renos vuelan? Decime que estás fumando que yo quiero de lo mismo. La gente dice que te la pasás todo el año haciendo juguetes. Dejate de joder. Estás entongado con alguna fábrica. Todo esto y mucho más quería decirte, gordo. ¿En el hemisferio norte entrás por las chimeneas? ¿La gente no las prende esa noche o tenès los calzoncillos de amianto vos? Yo creo que andás con una ganzúa de tu época de chorro. A mi no me jodés.
Yo no soy rencoroso, gordo, pero tengo buena memoria. Y no sabés las ganas que tengo de gritarte todo lo que vengo juntando desde hace años. Y ahora te tengo que ver en todas partes. En los comercios, en el tren de la alegría tocando la campana y diciendo jo jo jo como si tuvieras ganas de reírte con ese traje, esas botas, esa barba y el gorro. ¿Quién te corta la barba en el Polo Norte? Ojo con los pibes que te sentás en las rodillas para que se saquen fotos porque hay epidemia de piojos y vas a volver rascándote hasta las bolas a tu casa.
Para mi sos un chanta, que querés que te diga. Ahora empieza a aparecer tu foto en todos lados como si fueras el Papa o Messi y resulta que venís una vez al año y traés lo que se te canta y no lo que se te pide. Te tendría que mandar una carta documento, gordo.
Debajo de la maseta del balcón te dejé tres cartas este año, para que no vengas con la excusa que se las llevó el viento. En la primera tenés la lista de todo lo que no me trajiste. Ahora no quiero esos regalos. Ya no me importan y no me quieras compensar con una playstation porque no sé ni cómo se enciende.
En el barrio hay muchos  pibes que te esperan. No quiero escuchar ninguna queja, no quiero ver pibes llorando después de abrir los regalos. Porque si veo a alguno moqueando te denuncio a Defensa del consumidor. Ya se van a terminar los chatas como vos.
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