domingo, 2 de octubre de 2011

Al maestro, con cariño


Supe de él a través de un compañero de trabajo, Fabián Cereijido, a quien no volví a ver jamás. Le acerqué unos textos míos a su secretaria y el me citó para hacerme una devolución en la Feria del libro.
Llegué tarde a la cita, cuando él ya había dado su conferencia. Lo reconocí porque vi su foto en la portada de una de sus novelas en el stand de Bruguera y me acerqué. Me presenté, le extendí la mano y acompañado por su mujer, Marta Nos, me dijo a quemarropa: “¿Sabés que sos más simpático personalmente que por tus textos?”
Eso que me trajiste es una porquería. Eso no es literatura, la literatura es otra cosa, es escribir con los huevos, con los riñones, con el corazón y con el hígado y vos querés hacerte el inteligente con frases ingeniosas. No te anotes en mi taller porque no quiero gente como vos trabajando conmigo.
Volví a casa con la Excalibur atravesando el pecho. Al día siguiente llamé a la secretaria y le dije que quería anotarme en el taller. Me preguntó si Humberto me había aceptado y le mentí.
Fui el primero en llegar ese lunes y cuando abrió la puerta y me vio se quedó de una pieza. “¿Yo no te dije que no te quería en mi taller?”. “Si, pero yo ya pagué el primer mes anticipado”. “Pasá...” Y todo fue silencio hasta que sonó el timbre con el segundo de los doce apóstoles junto a Cristo.
Esa noche, mi amigo Ariel Armony leyó una obra de teatro nacida de uno de sus maravillosos cuentos escritos el año anterior y compartido con estos compañeros. No entendía nada. Ariel terminó de leer y el me preguntó qué me parecía. Quise disculparme y disparó nuevamente: “Acá se viene a trabajar y a opinar”
Sobre el final de la clase dio una consigna. El cuento a escribir tenía estos tres elementos: una flor, un dado y una tía y los tres debían gravitar sobre la trama y el desenlace.
Trabajé como un perro toda la semana. Leí mi trabajo y hubo un par de correcciones, nada más.
El segundo trabajo fue una de las mejores producciones. Cuando terminé de leer hizo una pausa y dijo: “Eso es un cuento”.
Trabajamos mucho hasta que se enfermó. Entonces lo visitaba en su casa y él para estar lúcido y dispuesto, se preparaba tomando los calmantes. “El dolor animaliza” dijo antes de regalarme un ejemplar de “Cuestiones con la vida” con su dedicatoria: “Para Mariluz y Roberto, quienes hoy 16 de diciembre de 1986, me llenaron de vida. Con la amistad de Humberto Costantini.”
Lo reconozco como mi maestro y suelo extrañarlo todavía. Sus clases fueron magistrales porque iban más allá de la literatura. “Todo lo que no se termina trae dolor de cabeza”.
"Cada libro que se publica es un corte de manga a la muerte"
Lo acompañé a presentaciones, toqué la guitarra en su casa, disfruté de su encabronado humor.
Cuando Clarín le cedió el espacio central del suplemento literario como homenaje a su vuelta del exilio, porque Humberto fue un tipo comprometido con su tiempo y un escritor militante que tuvo que exiliarse en México, lo llama a la casa el editor del suplemento.
-         Señor Costantini, lo llamo del diario Clarín porque tenemos un problema con el último verso se uno de sus poemas...
-         Ajá...
-         El poema termina: la puta madre... Y no sabemos si suprimirlo o cambiarlo.
-         Ajá
-         Si lo cambiamos, qué podemos poner
-         Y, ponele la concha de tu hermana...

Tuve la posibilidad de entrar a trabajar en Satiricón, una revista de humor de aquellos tiempos. Fue claro como siempre. “No bastardees lo que hacés. Manejá un taxi, limpiá vidrios, hacé cualquier cosa, pero no te vendas ni bajes el nivel de tu trabajo entrando a un lugar así. Allí trabaja un excelente alumno mío de México y me da pena tanto talento desperdiciado”.
Hay mucha obra. Del libro que me regaló elijo por distintas razones éste poema.
Al maestro, con cariño.

Inmortalidad
Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.
Los colectivos me respetan,
se inclinan ante mí,
me lamen los zapatos como perros falderos.
Ocurre simplemente que no me muero más.
No hay angina que valga,
no hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,
ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,
ni fiebre de Junín, ni vigilantes.
Estoy del otro lado.
Simplemente, estoy del otro lado,
de este lado,
Totalmente inmortal.
Ando entre olimpos, dioses, ambrosías,
me río, o estornudo, o digo un chiste
y el tiempo crece, crece como una espuma loca.
Qué bárbaro este asunto
de ser así, inmortal,
Festejar nacimiento cada cinco minutos,
ser un millón de pájaros,
Una atroz levadura.
Qué escándalo caramba
este enjambre de vida,
esta plaga llamada con mi nombre,
desmedida, creciente,
totalmente inmortal.
Yo tuve, es claro, gripes, miedos,
presupuestos,
jefes idiotas, pesadez de estómago,
nostalgias, soledades,
mala suerte...
Pero eso fue hace un siglo,
veinte siglos,
cuando yo era mortal.
Cuando era
tan mortal,
tan boludo y mortal,
que ni siquiera te quería,
Date cuenta
Podés entrar al enlace que hay en su nombre o en Cuestiones... y enterarte un poco más de este Inmortal.

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